El descubrimiento de esta biblioteca fue un gran aliciente en mi trayectoria cultural en la facultad, pues al principio de curso, cuando estaba en primero de carrera, me percaté de lo fácil que resultaba acceder a los pies de las personas que tenía enfrente cuando no había nadie sentado a espaldas mías en la mesa de atrás.
Un día, estando enfrascado en una de mis sesiones de estudio, me dio por inclinarme para mirar por debajo del tablero y ¡¡Oh, visión!! ¡¡Qué gran regalo!! ¡¡Una ninfa en el templo del saber!! Esta ninfa llevaba botas de tacón fino y alto muy puntiagudas de color negro, minifalda de color crema con una abertura central, medias marrón tostado con brillo y sus pies estaban sobre una barra que había debajo de las mesas para poner los pies. Una idea se me vino a la cabeza, dudé, era arriesgado. El termómetro entre mis piernas indicaba una temperatura cada vez más alta hasta que llegó un momento en que el calor desprendido se hizo dueño del cerebro y lo anuló totalmente hasta hacerlo esclavo de mi polla. No había alternativa, mi verga sólo marcaba una dirección, sus divinos pies.
Miré detrás de mí, “bien, no había nadie”. Entonces retiré la silla hacia atrás para poder sentarme con relativa comodidad en caso de peligro, me agache, me puse a cuatro patas y empecé a acariciar sus sensuales botas, a continuación chupé su puntera y lamí toda la superficie de la bota. Sentí no poder introducirme su tacón en mi boca por que estaba por detrás de la barra de los pies. Parece que me leyó el pensamiento: de repente, se cruza de piernas manteniendo su otro pie sobre la barra, con lo cual la pierna cruzada quedaba a considerable altura del suelo. No me lo pensé dos veces, me incorporé ligeramente, di unos pequeños lengüetazos a su tacón y luego me lo introduje todo en la boca. ¡Aaaaaagghhhhh! ¡Qué maravilla! ¡Qué sensación más placentera! Seguí acariciando la bota un poco más pero se me fue uno de los dedos y ¡¡toqué su tobillo!! ¿Se movía? Me lo pareció. Reculé y me abalancé sobre mi silla agachando la cabeza lo más posible. Me concentré en mi libro aunque sólo veía las letras sin entenderlas. Después de 3 eternos minutos, subí la cabeza un poco y miré su cara ligeramente por encima del separador, estaba escribiendo y consultando un libro. Aparentemente, todo iba bien, “pensará que la he rozado con mi pie” me convencí. Volví a la carga, me agache y volví a sus pies, volví a besarlos y acariciarlos, me envalentoné y la toqué el empeine al mismo tiempo que volaba a mi silla y ponía los pies en la barra al lado de los suyos para que creyera que la había rozado. Esta vez miró debajo de la mesa, pero debí hacerlo bien por que no pareció mosquearse, volvió a su tarea. Me levanté y disimulé yendo a la papelera a tirar un papel con el fin de ver su expresión más atentamente. Me pareció que sonreía pero no podría asegurarlo. El caso es que mi corazón parecía una caja de resonancia. Volví a mi sitio inundado de adrenalina y me adentré de nuevo en las profundidades en busca del placer de lo desconocido. Después de acariciar sus botas otra vez me estaba planteando volver a acariciar sus tobillos cuando, de repente, ¡¡se asoma y me pilla in fraganti!! Un témpano de hielo no estaría más congelado que yo, fueron 10 segundos inacabables, me costó trabajo reaccionar, por fin, reculé como pude y me fui a mi sitio atentamente observado por mi vecinita de enfrente. Agaché la cabeza de tal forma que casi formaba parte del tablero de la mesa. El corazón se me iba a salir en una alocada carrera por huir de su insensato amo. Súbitamente, se levanta y se va hacia el bibliotecario, habla con él, y vienen los dos hacia mí. ¡¡Dios mío!! ¡¡Es el fin!! ¡¡Hola, expediente de expulsión!! ¡¡Adiós, querida facultad y codiciado título!! Cuando están a mi altura oigo que ella dice “éste, éste es” –no les veo, soy una estatua mirando a mi libro, mi mente está en otra dimensión— “este es el libro que quiero”, ¿eeeehhhh? ¿Qué oigo? Resulta que había ido acompañada del bibliotecario a la vitrina que está a mi lado para sacar un libro. Levanto ligeramente la cabeza y me atrevo a mirarla de lado, esta vez no me lo parecía, esta vez se estaba sonriendo abiertamente. En este momento yo era sujeto de uno de esos fenómenos meteorológicos que ocurren rara vez, mi cara y mi cuerpo estaban congelados, mi polla y mis huevos estaban calientes y mis orejas semejaban dos tizones encendidos.
Volvió a su sitio y siguió escribiendo. Yo estaba totalmente desorientado. ¿Qué hacer? ¿Me volvía a arriesgar? Me dije, “¡Qué demonios! ¡arderé en el infierno! Me bajé otra vez, volví a acariciar sus botas siguiendo por los dos tobillos al mismo tiempo. Cuando deslizaba mis manos por sus pantorrillas por segunda vez, noto como se me van de entre las manos, desaparecen de debajo de la mesa, se pone de pie y se dirige a la salida. Me quedé allí debajo tirado sin saber qué pensar. Volví a mi sitio pensando, “en fin, estoy en sus manos, esperaré resignado mi destino”. Estaba allí sentado como un autómata, sin poder hacer nada a excepción de esperar. No tuve que esperar mucho, a los 7 minutos volvió y se sentó. Yo estaba ya inmovilizado por la inquietud. Inesperadamente, siento algo entre mis piernas, miro hacia mi entrepierna y lo que vi sobrepasaba toda fantasía, ¿estaría soñando despierto? No, ¡¡no era sueño!!, ¡¡era realidad!! ¡¡Ese pie antes adorado por mí estaba ahora aplastando mi polla!! Fue sólo un instante, luego, nada, miré debajo y todo parecía normal, miré por encima y ella estaba escribiendo. ¿Me estaría volviendo loco? En fin, ¡ya estaba en el infierno, no tenía más que arder!
Me lanzo en picado a sus pies y empiezo a acariciar sus piernas como un poseso, con seguridad, tanteando firmemente su empeine, sus rodillas, recreándome en sus muslos. Cuando estoy a la altura de sus muslos, veo sus manos subiendo la falda hacia arriba, miro entre sus piernas y....... ¡¡si me pinchan no sangro!! ¡¡No llevaba bragas la muy puta!! En ese momento mis manos estaban tocando una especie de tiras, miro y eran unos ligueros negros de encaje con unos lacitos pequeños de color burdeos. Me recreo con todo el conjunto, me coloco la polla que ya se quería salir por encima de mi pantalón y me relamo ante lo que me espera. Avanzo un poco más para estar entre sus piernas, me siento en la barra de los pies y ella pone su precioso culito en el borde de la silla, de manera que ahora tenía una de las puertas del paraíso frente a mi boca, ofreciéndome los diferentes olores y sabores de la fruta prohibida. Me aproximo a su coñito mientras sigo acariciando sus esbeltas piernas. Empiezo a dar pequeños lengüetazos para degustar más tan exótica fruta, me preparo para seguir deslizando el torso de mi lengua por toda la superficie de su clítoris cuando, noto que una de sus manos me coge fuertemente por el cogote y me empuja con firmeza hacia su sexo. Me veo arrastrado hacia el abismo del placer e introduzco mi lengua en su chocho, la meto y la saco cada más deprisa, noto como ella se mueve a un lado y a otro pero muy suavemente, como disimulando para que nadie note nada. Su respiración se ha hecho más intensa, estoy a su lado y puedo percibirla. Ahora se vuelve entrecortada y noto como su cuerpo se agita levemente con una vibración general, de repente, la respiración es más pausada, sus piernas ya no están tan en tensión, se encuentra más relajada. Resulta evidente que se ha corrido.
Ahora se baja y me susurra, “si sabes lo que te conviene obedéceme al pie de la letra, cerdo”. Yo dije: “haré todo lo que tú digas”. Ella dice: “sácate la polla” Me saco lo que más parecía un bastón que una polla y ella se descalza y empieza a juguetear con mi verga. Se la lanza de un pie a otro, la pisotea. Yo resoplo, me contengo a duras penas. Se vuelve a asomar: “acércate a mi y arréglatelas para que tu polla esté al alcance de mi mano y ¡ay de ti si se te ocurre correrte sin mi permiso!” Lo intento, me pongo boca arriba y me apoyo en piernas y brazos haciendo el puente, pero no hay manera, no lo logro. Se asoma otra vez y dice: “me estoy impacientando, perro” No se me ocurre cómo, de repente me surge una idea. Vuelvo a mi sitio, oculto mi polla provisionalmente, me dirijo al lado de mi divina compañera y me siento a su lado, hay una persona en la mesa detrás de ella pero está de espaldas a mí, es arriesgado pero no tengo otra opción. Me abro el pantalón –que no había abotonado— y bajo la cremallera de la bragueta y ..... “quita, me dice, ya lo hago yo” Me coge la verga y sube y baja su mano por ella como si estuviera tocando la zambomba, recreando su pulgar con mi glande. Yo la acaricio su muslo mientras se mete los dedos en el coño, sigue así por unos dos o tres minutos y siento como su cuerpo se sacude levemente. Está corriéndose otra vez yo digo “ya no puedo más creo que ......” Ella dice: “si no controlas, se te cae el pelo” Luego dice: “vale, llegó tu hora, vuelve a tu sitio, vete debajo de la mesa, túmbate y machácatela como el perro que eres. No se te ocurra manchar el suelo, recógelo con la mano”
Obedezco
y empiezo a meneármela con la derecha, mientras con la izquierda
acaricio las piernas de mi improvisada ama. Ella me retira la mano con
su divino pie y me la pisa para que deje de acariciar su pierna, lo cual
me excita todavía más y me corro vertiginosamente, reprimiendo
una exhalación de placer con dificultad. Luego me limpio como puedo
con un pañuelo de papel, me abrocho como puedo y me voy al servicio
a recomponerme todo. Cuando vuelvo ella ya no está.