VELADA PARA DOS
 
Relato enviado por un amigo llamado Ulises
ulisesvdsm@hotmail.com
 
La amplia sala estaba bordeada de largos candelabros que parecían árboles de
hierro coronados de hojas llameantes, estos daban a la estancia un ambiente
y una luz distintos  a los que había visto y sentido en otras ocasiones allí
mismo; una curiosa mezcla, no se como decirlo, de tenebrosidad, intimidad,
sensualidad, y romanticismo. Estaba en medio de la sala, a cuatro patas,
casi desnudo; tan solo me cubrían el cuerpo un collar de perro, unas
muñequeras de cuero que tenían una argolla cada una y una especie de tanga
también de cuero que por delante tapaba y apretaba con fuerza mis testículos
y por detrás una fina tirilla rodeaba mi cintura y otra se hundía entre mis
nalgas, creándome una molesta sensación; sin duda la prenda era alguna talla
más pequeña que la mía. "ELLA" estaba frente a mí, vestida con un sensual
traje de noche negro del que destacaba un impresionante escote que dejaba al
descubierto parte de sus bellos senos y en una de sus manos sujetaba una
copa llena de champagne rosa de la que daba algún sorbo de vez en cuando
saboreándolo con exquisita delicadeza.

Mi Ama había decidido que hoy celebraríamos una fiesta, una velada muy
particular en la que los únicos participantes en ella seriamos solo nosotros
dos, una fiesta en la que solo "ELLA" sabría lo que ocurriría, una velada
por y para su disfrute personal. Mi Dueña se dio la vuelta y se dirigió
hacia un sillón situado enfrente y pude contemplar lleno de admiración  el
enloquecedor escote que la llegaba justo al limite de sus nalgas mostrando
toda su divina espalda; se acomodó en aquella especie de trono y me ordenó
que me acercara, lo que hice de inmediato hasta situarme junto a sus pies,
estos estaban más preciosos que nunca envueltos en aquellas sandalias de
vertiginosos y finísimos tacones de aguja. "Adórame los pies esclavo", me
ordenó, en un tono de clara satisfacción; sin dudar un instante comencé a
besar suavemente aquellos dulces pies, acariciándolos con mis labios, muy
despacio, como a "ELLA" le gustaba, aquello era para mi realizar todo un
acto de fe, un acto lleno de religiosidad, por que "ELLA" era mi religión,
la única y verdadera; luego continué lamiendo esos adorables pies, chupando
sus perfectos dedos y siempre sin prisa y sin ansia, como mi Señora me había
enseñado, con placer pero con respeto y devoción. Cuando mi Ama consideró
que ya era suficiente cese en mi adoración y "ELLA" me dijo: "Te has portado
muy bien y por eso te premiaré compartiendo mi bebida contigo, mi perrito" y
mojó uno de sus dedos en el rosado y burbujeante liquido y me ordenó:
"¡Chúpalo!", y yo lo tomé en mi boca con toda la dulzura y suavidad de la
que era capaz, incluso de la que no era capaz; "ELLA" la más grande, la más
perfecta, se brindaba generosa a compartir aquella exquisita bebida con este
humilde e imperfecto esclavo. Estaba tan entusiasmado que continuaba
chupando aún cuando no quedaba rastro de liquido, y es que poder saborear y
venerar aquel dedo era algo tan indescriptible para mí que él liquido
llegaba a ser algo secundario y "ELLA", por supuesto lo sabia, "Veo que
tienes mucha sed querido, toma un poco más", dijo llena de sensualidad,
mojando otro de sus dedos y así continuó hasta que me hizo chuparle y
lamerle todos los dedos de sus sagradas manos. Cuando terminé mi Ama me
dijo: "¿Te ha gustado mi siervo?",  "Si mi Ama, muchas gracias", contesté
lleno de felicidad y agradecimiento por su generosidad.

Luego "ELLA" me ordenó que tumbara boca arriba y coloco sus pies sobre mí,
acariciándome el cuerpo con sus finos tacones y de vez en cuando me los
clavaba en los pezones o en el ombligo y a continuación suavemente los
retorcía al tiempo que me ordenaba: "No quiero oír ni un gemido, ahora te
toca sufrir un poquito y aunque no hayas hecho nada malo sabes que no
necesito excusa para torturarte" y le daba otro sorbo a la copa que había
vuelto a llenar, "Delicioso, ¿Verdad cariño?" y volvía a clavarme el tacón
en el ombligo y lo giraba de un lado a otro, y yo solamente podía
contestarla moviendo afirmativamente la cabeza mientras cerraba los ojos y
apretaba los labios pues me estaba empezando a hacer daño de verdad, "¿Duele
mi amor?" y volví a asentir con la cabeza, "Pues no es suficiente", me dijo,
mientras sus ojos brillaban ardientemente y clavo el tacón en el tanga donde
mi excitada polla hacia esfuerzos sobrehumanos por reventar la apretada
prenda; el tacón empujaba con fuerza obligándome a relajar mi miembro a
causa del fuerte dolor y yo volvía a cerrar los ojos presa del sufrimiento y
a pesar de este la veía tan hermosa y tan perversa, y la rezaba en silencio
desde lo más profundo de mi mente: "¡Oh mi Diosa!, es tan cruel y dulce tu
amor, tan sádico y tierno tu cariño....."; "Ahora si es suficiente", dijo
tajante cortando el castigo de raíz y añadió maliciosa: "De momento". Me
puse a cuatro patas nuevamente, como "ELLA" me mandó, y se sentó sobre mi
espalda convirtiéndome en su trono y mientras daba otro sorbo a la copa me
decía: "Me gustas mas como trono que el sillón, creo que serias un buen
trono, ¿ A ti que te parece?",  yo moví afirmativamente la cabeza y "ELLA",
enojada, me pellizcó con todas sus ganas en las nalgas, "¿Para esto me
molesto en educarte? ¿Para que luego no me contestes como es debido?";
avergonzado la suplique perdón y le dije: "Si mi Ama, seré un buen trono
para usted". Aquello no fue suficiente para calmar su enfado, se levantó y
se volvió a sentar en el sillón y me ordenó que me tumbara boca abajo sobre
sus rodillas y me azotó en las nalgas con la palma de su mano, yo permanecía
quieto y absolutamente callado, que solo se oyera el sonido de su palma
restallar contra mi culo, apretando los dientes y los labios para contener
el dolor y el ardor que de forma progresiva se iban apoderando de mis
nalgas, desconozco el número de azotes a los que mi Dueña me sometió pero si
fueron los suficientes para que aquellos instantes me parecieran eternos y a
pesar de ello, aguanté, prometiéndome a mí mismo que no podía volver a
fallar a mi Señora, que yo no podía estropearla su velada. Cuando finalizó
el castigo volví a la cuadrúpeda postura con las nalgas enrojecidas de dolor
y el rostro enrojecido de vergüenza, luego "ELLA" volvió a sentarse en mi
espalda, "Llévame hasta la mesa, tengo hambre, y que no se vuelva a repetir
una falta como esta, ni ninguna otra, pues no pienso ser tan suave en el
castigo como ahora", "Si mi Ama", contesté temeroso pero convencido de que
no se volvería a repetir ningún error más.

Sobre la mesa había varios platos con exquisitos manjares dispuestos para
que  "ELLA" los saboreara, pero antes de degustar aquellas "delicatessen" mi
Dueña depositó un plato para perros en el suelo, "No me he olvidado de tu
cena mi perrito", dijo sarcásticamente; unas patatas malamente hervidas era
lo que me correspondía, "Gracias Ama", conteste agradecido por su
generosidad y me dispuse a devorarlas sin ayuda de las manos, como un buen
perro, a pesar de lo poco apetecibles que estaban. Mientras "ELLA" que ya
estaba disfrutando de las delicias que había sobre la mesa me observaba
satisfecha, disfrutando al ver como me humillaba comiendo aquella nada
exquisita cena y la forma en que lo hacia, como un buen perro; a pesar de
todo no dejé ni una sola migaja y mi Señora complaciente me dijo: "Te habrás
quedado con hambre, así que seré buena contigo y podrás probar algo de lo
que sobra, yo no quiero más" y arrojo un trozo sobre el suelo, "¡Cómelo
perrito!", decía mientras sonreía, yo me lancé sobre la deliciosa sobra y me
la tragué, luego lanzó otra un poco más allá e hize lo mismo y volvió a
repetir la operación varias veces riendo divertida, arrojando los trozos
cada vez más lejos, recreándose en mi vejación; una vejación que soportaba
feliz, dispuesto a tragarme mi orgullo por verla y oírla disfrutar, "Ven a
por el último perrito", exclamo mientras se agachaba y extendía su mano
derecha, yo me acerqué a su lado y comí el trozo depositado en la palma de
su mano, "¡Buen chico!", exclamó complacida.
"Ahora me vas a llevar de paseo" y se volvió a sentar sobre mi espalda y
empece a caminar por la amplia sala mientras "ELLA" me azuzaba pellizcándome
en las nalgas, "¡Mas deprisa caballito!", me ordenaba en un tono de clara
satisfacción y yo hacia lo que podía por que me costaba apretar el paso,
"¡He dicho más deprisa!", dijo enojada volviéndome a pellizcar esta vez
mucho mas fuerte que antes y luego dándome varios azotes con la palma de su
mano; a pesar de todo conseguía llevar un buen paso pero me notaba cada vez
mas cansado y si mi Ama no me ordenaba parar pronto me derrumbaría,
afortunadamente para mí "ELLA" dio la orden que tanto esperaba: "¡Párate
aquí!", lo que hice lleno de alivio. Estabamos de nuevo junto al sillón, mi
Dueña se sentó en él y yo me tumbe boca abajo ante "ELLA", que colocó sus
pies sobre mí para usarme de reposapiés; mi Señora me contemplaba mientras
yo respiraba jadeante a causa del esfuerzo, "Te veo un poco flojo, creo que
he descuidado algo tu forma física últimamente, pero no te preocupes querido
a partir de mañana te impondré un buen paseo a diario, te sentara bien
¿Verdad mi esclavo?", "Si Ama", contesté entrecortadamente mientras notaba
como uno de sus tacones me acariciaba la cara. Permanecimos en aquella
situación durante algún tiempo que terminó en el momento en que "ELLA" se
levantó del sillón y exclamó entusiasta: "A esta fiesta todabia le falta
algo, un poco de música", tomó el mando a distancia y conectó el equipo de
música de donde comenzó a sonar una sensual melodía, "Levántate y acércate a
mí esclavo", me ordenó y yo obedecí al instante, luego tomo mis brazos y me
los colocó a la espalda y con una cadena enganchó las argollas de las
muñequeras que tenía en mis brazos, me rodeo con los suyos y me dijo:
"Bailemos juntos mi dulce sumiso"; y así quedé, con mis brazos inmovilizados
y el resto de mi cuerpo casi igualmente, dejándome llevar por "ELLA" que
tenia todo el control y toda la iniciativa, "En este baile tus manos no
podrán tocarme ni tus brazos rodearme, en cambio mis manos y mis brazos
podrán tocar y rodear lo que es mío, lo que me pertenece que eres tú ¿O no
es cierto mi esclavo?", me dijo altiva y orgullosa y yo humilde y feliz la
conteste: "Si ama, así es y así será siempre", y apretó mi cuerpo contra el
suyo.

Bailábamos lenta y parsimoniosamente, yo reposaba mi cabeza en su hombro y
"ELLA" me sujetaba con una mano por mi trasero y con la otra por mi espalda
y de vez en cuando me clavaba con fuerza sus uñas y luego me arañaba con
tanta intensidad que yo sentía como aquellos diez pequeños puñales se
hundían en mi piel produciéndome una extraña sensación de felicidad, me
gustaba sentirme usado y utilizado por "ELLA" para lo que quisiera, era tan
dichoso en esa situación, torturado por sus uñas y al tiempo protegido por
sus brazos, era todo tan contradictorio, tan lejos de la lógica que
comúnmente empleaba la mayoría de la gente, tan distinto a todo y a pesar de
ello que importaba, mi Ama era feliz, yo era feliz, era su fiesta, nuestra
fiesta; todo lo demás era una pura banalidad, carente de verdadero sentido,
al menos para nosotros. En un momento dado "ELLA" me pinzó los pezones con
sus uñas y las comenzó a clavar muy lentamente y al tiempo me los retorcía
también muy despacio, de una forma lenta pero inexorable y antes de que yo
pudiera emitir quejido o gemido alguno lo ahogo besándome apasionadamente en
la boca, teniéndome así hasta que quiso; yo me sentía borracho de dolor y de
placer, totalmente entregado y vencido, esclavo de su voluntad y de sus
caprichos, por muy crueles que estos fueran, en mi cabeza solo había una
idea: "Lo que sea solo por "ELLA", por su gozo, por su placer, por su
felicidad"; cuando soltó sus uñas de mis doloridos pezones estos seguían
ardiendo y mi Diosa me volvió a apretar fuertemente contra su cuerpo, tan
fuerte y con tanta pasión que casi me corta la respiración; me sentía tan
unido a "ELLA" que parecía que no éramos dos personas sino una sola,
estabamos casi fundidos el uno con el otro, éramos dos cuerpos, dos mentes
en una perfecta sincronía, o tal vez un solo cuerpo y una sola mente la de
"ELLA" dominándolo todo.

"ELLA" me miró fijamente a los ojos y me preguntó: "¿Quién eres?",  yo
contesté: "Un esclavo", "¿Y de quien eres esclavo?", me volvió a preguntar,
"Tuyo mi Ama", le respondí dichoso, luego "ELLA" añadió: "¿Y para que has
nacido?",  sumisamente la contesté de nuevo: "Para amarte y para obedecerte
mi Diosa"; y sonrió entre dulce y perversa sin dejar de apartar sus ojos de
los míos;  yo me perdí en aquella mirada de Circe hechicera y arrebatadora,
y entre sus brazos fui conducido al más cruel, dulce y placentero de los
olimpos, a un lugar de donde jamas podría escapar, a un lugar de donde jamas
querré escapar.
 

FIN
 

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