Mi
Ama había decidido que hoy celebraríamos una fiesta, una
velada muy
particular
en la que los únicos participantes en ella seriamos solo nosotros
dos,
una fiesta en la que solo "ELLA" sabría lo que ocurriría,
una velada
por
y para su disfrute personal. Mi Dueña se dio la vuelta y se dirigió
hacia
un sillón situado enfrente y pude contemplar lleno de admiración
el
enloquecedor
escote que la llegaba justo al limite de sus nalgas mostrando
toda
su divina espalda; se acomodó en aquella especie de trono y me ordenó
que
me acercara, lo que hice de inmediato hasta situarme junto a sus pies,
estos
estaban más preciosos que nunca envueltos en aquellas sandalias
de
vertiginosos
y finísimos tacones de aguja. "Adórame los pies esclavo",
me
ordenó,
en un tono de clara satisfacción; sin dudar un instante comencé
a
besar
suavemente aquellos dulces pies, acariciándolos con mis labios,
muy
despacio,
como a "ELLA" le gustaba, aquello era para mi realizar todo un
acto
de fe, un acto lleno de religiosidad, por que "ELLA" era mi religión,
la
única y verdadera; luego continué lamiendo esos adorables
pies, chupando
sus
perfectos dedos y siempre sin prisa y sin ansia, como mi Señora
me había
enseñado,
con placer pero con respeto y devoción. Cuando mi Ama consideró
que
ya era suficiente cese en mi adoración y "ELLA" me dijo: "Te has
portado
muy
bien y por eso te premiaré compartiendo mi bebida contigo, mi perrito"
y
mojó
uno de sus dedos en el rosado y burbujeante liquido y me ordenó:
"¡Chúpalo!",
y yo lo tomé en mi boca con toda la dulzura y suavidad de la
que
era capaz, incluso de la que no era capaz; "ELLA" la más grande,
la más
perfecta,
se brindaba generosa a compartir aquella exquisita bebida con este
humilde
e imperfecto esclavo. Estaba tan entusiasmado que continuaba
chupando
aún cuando no quedaba rastro de liquido, y es que poder saborear
y
venerar
aquel dedo era algo tan indescriptible para mí que él liquido
llegaba
a ser algo secundario y "ELLA", por supuesto lo sabia, "Veo que
tienes
mucha sed querido, toma un poco más", dijo llena de sensualidad,
mojando
otro de sus dedos y así continuó hasta que me hizo chuparle
y
lamerle
todos los dedos de sus sagradas manos. Cuando terminé mi Ama me
dijo:
"¿Te ha gustado mi siervo?", "Si mi Ama, muchas gracias",
contesté
lleno
de felicidad y agradecimiento por su generosidad.
Luego
"ELLA" me ordenó que tumbara boca arriba y coloco sus pies sobre
mí,
acariciándome
el cuerpo con sus finos tacones y de vez en cuando me los
clavaba
en los pezones o en el ombligo y a continuación suavemente los
retorcía
al tiempo que me ordenaba: "No quiero oír ni un gemido, ahora te
toca
sufrir un poquito y aunque no hayas hecho nada malo sabes que no
necesito
excusa para torturarte" y le daba otro sorbo a la copa que había
vuelto
a llenar, "Delicioso, ¿Verdad cariño?" y volvía a
clavarme el tacón
en
el ombligo y lo giraba de un lado a otro, y yo solamente podía
contestarla
moviendo afirmativamente la cabeza mientras cerraba los ojos y
apretaba
los labios pues me estaba empezando a hacer daño de verdad, "¿Duele
mi
amor?" y volví a asentir con la cabeza, "Pues no es suficiente",
me dijo,
mientras
sus ojos brillaban ardientemente y clavo el tacón en el tanga donde
mi
excitada polla hacia esfuerzos sobrehumanos por reventar la apretada
prenda;
el tacón empujaba con fuerza obligándome a relajar mi miembro
a
causa
del fuerte dolor y yo volvía a cerrar los ojos presa del sufrimiento
y
a
pesar de este la veía tan hermosa y tan perversa, y la rezaba en
silencio
desde
lo más profundo de mi mente: "¡Oh mi Diosa!, es tan cruel
y dulce tu
amor,
tan sádico y tierno tu cariño....."; "Ahora si es suficiente",
dijo
tajante
cortando el castigo de raíz y añadió maliciosa: "De
momento". Me
puse
a cuatro patas nuevamente, como "ELLA" me mandó, y se sentó
sobre mi
espalda
convirtiéndome en su trono y mientras daba otro sorbo a la copa
me
decía:
"Me gustas mas como trono que el sillón, creo que serias un buen
trono,
¿ A ti que te parece?", yo moví afirmativamente la
cabeza y "ELLA",
enojada,
me pellizcó con todas sus ganas en las nalgas, "¿Para esto
me
molesto
en educarte? ¿Para que luego no me contestes como es debido?";
avergonzado
la suplique perdón y le dije: "Si mi Ama, seré un buen trono
para
usted". Aquello no fue suficiente para calmar su enfado, se levantó
y
se
volvió a sentar en el sillón y me ordenó que me tumbara
boca abajo sobre
sus
rodillas y me azotó en las nalgas con la palma de su mano, yo permanecía
quieto
y absolutamente callado, que solo se oyera el sonido de su palma
restallar
contra mi culo, apretando los dientes y los labios para contener
el
dolor y el ardor que de forma progresiva se iban apoderando de mis
nalgas,
desconozco el número de azotes a los que mi Dueña me sometió
pero si
fueron
los suficientes para que aquellos instantes me parecieran eternos y a
pesar
de ello, aguanté, prometiéndome a mí mismo que no
podía volver a
fallar
a mi Señora, que yo no podía estropearla su velada. Cuando
finalizó
el
castigo volví a la cuadrúpeda postura con las nalgas enrojecidas
de dolor
y
el rostro enrojecido de vergüenza, luego "ELLA" volvió a sentarse
en mi
espalda,
"Llévame hasta la mesa, tengo hambre, y que no se vuelva a repetir
una
falta como esta, ni ninguna otra, pues no pienso ser tan suave en el
castigo
como ahora", "Si mi Ama", contesté temeroso pero convencido de que
no
se volvería a repetir ningún error más.
Sobre
la mesa había varios platos con exquisitos manjares dispuestos para
que
"ELLA" los saboreara, pero antes de degustar aquellas "delicatessen" mi
Dueña
depositó un plato para perros en el suelo, "No me he olvidado de
tu
cena
mi perrito", dijo sarcásticamente; unas patatas malamente hervidas
era
lo
que me correspondía, "Gracias Ama", conteste agradecido por su
generosidad
y me dispuse a devorarlas sin ayuda de las manos, como un buen
perro,
a pesar de lo poco apetecibles que estaban. Mientras "ELLA" que ya
estaba
disfrutando de las delicias que había sobre la mesa me observaba
satisfecha,
disfrutando al ver como me humillaba comiendo aquella nada
exquisita
cena y la forma en que lo hacia, como un buen perro; a pesar de
todo
no dejé ni una sola migaja y mi Señora complaciente me dijo:
"Te habrás
quedado
con hambre, así que seré buena contigo y podrás probar
algo de lo
que
sobra, yo no quiero más" y arrojo un trozo sobre el suelo, "¡Cómelo
perrito!",
decía mientras sonreía, yo me lancé sobre la deliciosa
sobra y me
la
tragué, luego lanzó otra un poco más allá e
hize lo mismo y volvió a
repetir
la operación varias veces riendo divertida, arrojando los trozos
cada
vez más lejos, recreándose en mi vejación; una vejación
que soportaba
feliz,
dispuesto a tragarme mi orgullo por verla y oírla disfrutar, "Ven
a
por
el último perrito", exclamo mientras se agachaba y extendía
su mano
derecha,
yo me acerqué a su lado y comí el trozo depositado en la
palma de
su
mano, "¡Buen chico!", exclamó complacida.
"Ahora
me vas a llevar de paseo" y se volvió a sentar sobre mi espalda
y
empece
a caminar por la amplia sala mientras "ELLA" me azuzaba pellizcándome
en
las nalgas, "¡Mas deprisa caballito!", me ordenaba en un tono de
clara
satisfacción
y yo hacia lo que podía por que me costaba apretar el paso,
"¡He
dicho más deprisa!", dijo enojada volviéndome a pellizcar
esta vez
mucho
mas fuerte que antes y luego dándome varios azotes con la palma
de su
mano;
a pesar de todo conseguía llevar un buen paso pero me notaba cada
vez
mas
cansado y si mi Ama no me ordenaba parar pronto me derrumbaría,
afortunadamente
para mí "ELLA" dio la orden que tanto esperaba: "¡Párate
aquí!",
lo que hice lleno de alivio. Estabamos de nuevo junto al sillón,
mi
Dueña
se sentó en él y yo me tumbe boca abajo ante "ELLA", que
colocó sus
pies
sobre mí para usarme de reposapiés; mi Señora me contemplaba
mientras
yo
respiraba jadeante a causa del esfuerzo, "Te veo un poco flojo, creo que
he
descuidado algo tu forma física últimamente, pero no te preocupes
querido
a
partir de mañana te impondré un buen paseo a diario, te sentara
bien
¿Verdad
mi esclavo?", "Si Ama", contesté entrecortadamente mientras notaba
como
uno de sus tacones me acariciaba la cara. Permanecimos en aquella
situación
durante algún tiempo que terminó en el momento en que "ELLA"
se
levantó
del sillón y exclamó entusiasta: "A esta fiesta todabia le
falta
algo,
un poco de música", tomó el mando a distancia y conectó
el equipo de
música
de donde comenzó a sonar una sensual melodía, "Levántate
y acércate a
mí
esclavo", me ordenó y yo obedecí al instante, luego tomo
mis brazos y me
los
colocó a la espalda y con una cadena enganchó las argollas
de las
muñequeras
que tenía en mis brazos, me rodeo con los suyos y me dijo:
"Bailemos
juntos mi dulce sumiso"; y así quedé, con mis brazos inmovilizados
y
el resto de mi cuerpo casi igualmente, dejándome llevar por "ELLA"
que
tenia
todo el control y toda la iniciativa, "En este baile tus manos no
podrán
tocarme ni tus brazos rodearme, en cambio mis manos y mis brazos
podrán
tocar y rodear lo que es mío, lo que me pertenece que eres tú
¿O no
es
cierto mi esclavo?", me dijo altiva y orgullosa y yo humilde y feliz la
conteste:
"Si ama, así es y así será siempre", y apretó
mi cuerpo contra el
suyo.
Bailábamos
lenta y parsimoniosamente, yo reposaba mi cabeza en su hombro y
"ELLA"
me sujetaba con una mano por mi trasero y con la otra por mi espalda
y
de vez en cuando me clavaba con fuerza sus uñas y luego me arañaba
con
tanta
intensidad que yo sentía como aquellos diez pequeños puñales
se
hundían
en mi piel produciéndome una extraña sensación de
felicidad, me
gustaba
sentirme usado y utilizado por "ELLA" para lo que quisiera, era tan
dichoso
en esa situación, torturado por sus uñas y al tiempo protegido
por
sus
brazos, era todo tan contradictorio, tan lejos de la lógica que
comúnmente
empleaba la mayoría de la gente, tan distinto a todo y a pesar de
ello
que importaba, mi Ama era feliz, yo era feliz, era su fiesta, nuestra
fiesta;
todo lo demás era una pura banalidad, carente de verdadero sentido,
al
menos para nosotros. En un momento dado "ELLA" me pinzó los pezones
con
sus
uñas y las comenzó a clavar muy lentamente y al tiempo me
los retorcía
también
muy despacio, de una forma lenta pero inexorable y antes de que yo
pudiera
emitir quejido o gemido alguno lo ahogo besándome apasionadamente
en
la
boca, teniéndome así hasta que quiso; yo me sentía
borracho de dolor y de
placer,
totalmente entregado y vencido, esclavo de su voluntad y de sus
caprichos,
por muy crueles que estos fueran, en mi cabeza solo había una
idea:
"Lo que sea solo por "ELLA", por su gozo, por su placer, por su
felicidad";
cuando soltó sus uñas de mis doloridos pezones estos seguían
ardiendo
y mi Diosa me volvió a apretar fuertemente contra su cuerpo, tan
fuerte
y con tanta pasión que casi me corta la respiración; me sentía
tan
unido
a "ELLA" que parecía que no éramos dos personas sino una
sola,
estabamos
casi fundidos el uno con el otro, éramos dos cuerpos, dos mentes
en
una perfecta sincronía, o tal vez un solo cuerpo y una sola mente
la de
"ELLA"
dominándolo todo.
"ELLA"
me miró fijamente a los ojos y me preguntó: "¿Quién
eres?", yo
contesté:
"Un esclavo", "¿Y de quien eres esclavo?", me volvió a preguntar,
"Tuyo
mi Ama", le respondí dichoso, luego "ELLA" añadió:
"¿Y para que has
nacido?",
sumisamente la contesté de nuevo: "Para amarte y para obedecerte
mi
Diosa"; y sonrió entre dulce y perversa sin dejar de apartar sus
ojos de
los
míos; yo me perdí en aquella mirada de Circe hechicera
y arrebatadora,
y
entre sus brazos fui conducido al más cruel, dulce y placentero
de los
olimpos,
a un lugar de donde jamas podría escapar, a un lugar de donde jamas
querré
escapar.
FIN