Durante la media hora siguiente
Laly se dedicó a enseñar a su Ama las nuevas prendas que
había adquirido, hasta que Rebeca decidió qué ropa
debía vestir para la fiesta: camiseta ceñida sin sujetador,
minifalda de cuero sin bragas y zapatos de tacón, por supuesto.
El Ama se deleitó contemplándola y cuidando de que no fallara
ni un detalle en el vestuario ni en el maquillaje. Cuando terminó
se sintió satisfecha y orgullosa de su obra, con el dedo señalando
hacia el suelo le ordenó que se postrara de rodillas ante ella,
siempre sentada en su sillón de Dómina y le acarició
la boca con sus labios. Laly le dio las gracias mientras Rebeca terminaba
de arreglarle el pelo con las manos.
Ernesto se vistió
de putita, se maquilló cuidadosamente y se pintó para satisfacer
al máximo a su Señora. Llevaba la peluca caoba y el vestido
negro con medias, liguero y sus correspondientes zapatos, además
de las bragas, usadas anteriormente por su compañera de sumisión,
y la cadena con el candado alrededor del cuello. Por su parte, el Amo Jota,
siguiendo los consejos de su Maestra, iba peinado con gomina y vestido
completamente de negro, con camisa ceñida, pantalón de cuero
con cinturón, calcetines negros y zapatos igualmente oscuros. Rebeca
decidió ponerse un vestido de vinilo muy ajustado combinado con
un sujetador rojo que proporcionaba un especial realce a sus Sagrados Senos.
Como ya era de esperar, Ernesto,
a partir de ahora la putita, se convirtió en el chivo expiatorio
con el que el Ama ejercía sus magistrales demostraciones de dominación,
humillación y de aplicación de castigos. La simpatía
que Laly le despertaba haría que todas sus prácticas y todos
sus enfados tuvieran su descarga en el cuerpo de la sumisa y complaciente
putita.
Rebeca estimó protocolariamente
apropiado comenzar la sesión bebiendo champán, por lo que
ordenó que les sirvieran dos copas. Laly acercó los recipientes
mientras el esclavo, que abrió las botella de rodillas y en presencia
de su Ama, servía el espumoso vino. La pareja dominante brindó,
mientras los dos esclavos los contemplaban desde abajo, desde la profundidad
de su postración. Rebeca besó de nuevo a su alumno, percibiendo
con satisfacción que su última recriminación estaba
dando sus frutos.
En efecto, la última
amonestación había provocado el desconcierto en Jota, que
desde ese momento actuaba con mayor prudencia sin apenas abrir la boca,
tal y como su Maestra deseaba. Si alguna vez hablaba era generalmente para
pedir permiso o para hacer suegerencias, pero siempre buscando la anuencia
de su Maestra.
Rebeca dejó de utilizar
la cabeza de la putita como posavasos y le ordenó que se pusiera
de pie, de forma que quedara a su altura. Una vez más buscó
la mirada de Jota para que prestara atención.
- Dime putita, ¿te
apetece un poquito de champán?
- No Ama, creo que yo no
soy digna de ello respondió con voz baja y respetuosa, humillando
la mirada.
- ¿Crees entonces
que eres digna de algo? ¿Crees entonces que eres digna, por ejemplo,
de lamer el cuerpo de tu Ama? preguntaba Rebeca, con la altanería
y seguridad que le otorgaba su omnímodo poder, al tiempo que le
ataba una correa en el collar como si fuera una perrita.
- No lo sé Ama, ....
quizá, pueda lamer sus Sagrados Pies, o sus Sagrados Zapatos-
respondió dubitativo y desconcertado el esclavo feminizado.
- Tú no eres digna
de nada, sucia puta interrumpió de golpe Rebeca, propinándole
un sonoro tortazo en la cara Lámela, dijo alzando súbitamente
el brazo. El esclavo comenzó a acariciarle con la lengua la axila,
mientras que con la otra mano volvía a coger por la nuca a Jota
regalándole un beso de champán.
- ¡Basta! dijo de
repente Rebeca, que ya se cansaba de tener el brazo levantado - ¿Te
ha gustado, putita?
- Sí, Ama, muchas
gracias Ama.
- Díme ¿A
qué sabe el sobaco de tu Ama? preguntó tratando de desconcertar
y amedrentar todavía más a su esclavo.
- Sabe a Ama, sabe a...
Diosa. Sabe... al más exquisito manjar. Muchas gracias Ama respondió
atemorizado el esclavo que no dudó en arrodillase y esconder la
cabeza entre los pies de su Dueña con la cara contra el suelo, ejercitando
así la más sumisa de las posturas. Evidentemente la táctica
vejatoria de Rebeca había resultado una vez más infalible.
- ¿Crees ahora que
eres digna de lamer otras partes del cuerpo de tu Ama? preguntó
de nuevo amenazante, mientras pisaba la cara del esclavo y frotaba la suela
de su Sagrado Zapato contra su rostro.
- No lo sé Ama, supongo
que no respondió, mientras contemplaba a su Dueña por debajo
incluso de la suela de su zapato..
- ¿Acaso no eres
tú quien me limpia el culo? Rebeca levantó la cabeza del
esclavo tirando con fuerza de la correa que había atado a su collar
y desató con fuerza la mano contra el rostro de la putita
- ¡Vamos! Quiero sentir
cómo tu sucia lengua humedece mi culo, ¡vamos! Rebeca ordenó
a Jota que le alzara las faldas y le apartara el tanguita, después
se inclinó y aplastó la cabeza de su esclavo, que cogía
por la nuca, contra sus posaderas.
- ¿Huele bien, eh,
huele bien el culo de tu Ama? preguntaba sin disimular el gusto que la
lengua de su esclavo le deparaba.
- Sí, huele a Ama,
huele a Diosa. Gracias Ama respondía el degradado esclavo, casi
sin tiempo para respirar.
- ¿Y sabe bueno?
Dime ¿Está rico el culo de tu Señora?
- Sí Ama, es el más
exquisito manjar que he probado nunca decía mientras el Ama, sin
apenas darle tiempo a responder, le aplastaba de nuevo la cara contra su
Sagrado Culo.
- Laly, cariño, lámeme
el coño dijo, queriendo probar todos los dulces al mismo tiempo.
Luego hizo un gesto a Jota para que se acercara más. Le besó
e incluso consintió que deslizara suavemente las manos por su cuerpo.
Se sentía como una Diosa con esas tres lenguas entregadas dando
vado a sus caprichos y haciendo realidad todo aquello que la imaginación
le dictaba.
- ¡Oh! Me aburres,
¿tú crees que éstas son formas de lamer el culo de
tu Ama? preguntó con enfado Rebeca, cuando la postura le empezaba
a incomodar. De nuevo se ganó otra bofetada - ¡Apoya tu cabeza
en el sofá, quiero que tu cara sea mi cojín. Veremos si así
me complaces o no.
- Así, así
¿Ves cómo con un poco de mano dura te aplicas? Así
me gusta, intenta penetrarme con la lengua. Así me gusta...Mmmm
Rebeca, sentada en la cara de su putita, sentía con gran placer
como ésta le humedecía el culo con la lengua e incluso trataba
de abrise paso por el esfínter. Se setía satisfecha, poderosa.
Echaba la cabeza hacia atrás y acariciaba la cabellera de Laly,
que inclinada sobre ella seguía comiéndole el coño.
Haciendo un gesto con el índice ordenó a Jota que de nuevo
se acercara y se sentara a su lado. Otra vez se besaron.
- ¿Crees, Jota, que
esta esclava es digna de chuparte la polla? Dijo esta vez señalando
a Laly.
- Creo que sí Respondió
Jota, ansioso por tomar placer. Rebeca premiaba de esta forma a su alumno
por la prudencia y cautela mantenida en los últimos lances de la
sesión. Jota pareció entender muy bien lo que Rebeca esperaba
de él, sabía que al final ese comportamiento le daría
sus frutos.
Maestra y alumno brindaron
y se besaron mientras sus respectivas esclavas les lamieron durante unos
minutos: Rebeca dejó que su esclavo tomara aire, ya que su vejatoria
función de cojín lameculos apenas le permitía respirar,
para ordenarle de inmediato que le comiera el coño. Besaba a Jota
e incluso dejó que éste le acariciara los senos, mientras
brindaban reiteradamente y apoyaban sus copas sobre las cabezas de sus
esclavos lamedores. Sin embargo, todavía faltaba mucho tiempo para
la carnalidad. Pronto Rebeca ordenó a su feminizado esclavo que
se despojara del vestido, después mandó a su alumno que lo
atara en las cadenas, pues debía purgar todas las faltas cometidas
tanto por ella como por su compañera de servidumbre, Laly, a la
que Rebeca se negaba a castigar físicamente.
- ¿Tú crees
que es normal que Laly me chupe mejor que tú? ¿Tú
crees que es normal que una esclava que no he educado yo sea mejor que
tú? ¡Me estás poniendo en evidencia! recriminó
Rebeca a su esclavo al tiempo que le propinaba una contundente bofetada
en la cara. La putita, con las manos atadas en los eslabones más
altos de las cadenas apenas acertó a contestar que no.
-No, no es normal Mi Señora,
siento mucho no haberlo hecho mejor respondió, con los dedos de
su Ama marcados en la cara..
- Laly ha sido infinitamente
mejor que tú lamiéndome el coño, ella sí que
me ha brindado auténtico placer, sin embargo, cuando tú has
cogido su relevo he sentido cómo una sustancia adormecida y viscosa
merodeaba por mi clítoris. Una sucia lengua que me chupaba sin pasión
¡No te da vergüenza, putita! Estarás de acuerdo conmigo
en que mereces un severo correctivo ¿No?
- ¡Oh, sí Ama.
Castígueme, pues no merezco otra cosa respondió el esclavo.
Rebeca comenzó propinándole
diez fortísimos y sonoros latigazos, a continuación invitó
a su alumno para que hiciera lo mismo. El castigo continuó con la
fusta y con la vara. Jota y su Maestra alternaban los golpes en las grupas
del esclavo cada uno con un objeto distinto. A la vez, el Ama instruía
a su aprendiz en las artes del manejo de dichos instrumentos: el látigo,
y sobre todo la vara y la fusta. Los golpes iban sucediéndose, y
en ocasiones el esclavo era obligado a contarlos y a dar las gracias por
cada uno de ellos.
Después de los iniciales
golpes de látigo se repitieron diversas tandas de diez y de veinte
varazos y fustazos sólo interrumpidos por las breves caricias que
Laly, por orden de sus Amos, daba en las ardientes y cada vez más
magulladas posaderas del esclavo.
Rebeca, muy condescendiente
con Laly, quiso que ella también participara en la contrición
del sumiso esclavo, por lo que le ordenó que le colocara pinzas
en los pezones y a su alrededor, mientras, tanto ella como Jota, continuaron
la lección de fusta y caneo sobre el inmovilizado cuerpo del esclavo.
Rebeca ordenaba continuamente a su putita que abriera bien las piernas,
de forma que así perdía altura y sus manos y muñecas
sufrían con mayor intesidad la fuerza de las cadenas.
Ernesto tenía en
ese momento el aspecto de una equis, con los brazos abiertos en aspa y
las piernas dispuestas de igual manera. A pesar de habérsele desprendido
del vestido conservaba ese aire de feminidad que su Ama había ideado
para él. Los zapatos de tacón resaltaban aún más
su culo de forma que se convertía en un blanco fácil para
la Maestra y su alumno. Las medias negras y el liguero hacían de
su trasero un marco perfecto en cuyo lienzo Jota y Rebeca desataban incisivas
y poderosas pinceladas de dolor.
Cuando el número
de azotes sobrepasó con creces la cincuentena Rebeca ordenó
a Laly que les sirviera más champán. Después de servir
a sus Amos, la esclava continuó acariciando la espalda y el trasero
de su compañero, mientras Jota y Rebeca buscaron la cara de la desdichada
putita.
- ¿Has visto, Jota,
que guapa está mi putita con tanta pinza de colores? ¿No
crees que aquí hace falta un poquito de peso? preguntó
Rebeca a su ayudante mientras le abrazaba y le besaba.
- Por supuesto que sí
contestó Jota, al tiempo que brindaba con su Maestra.
Poco después los
pezones del esclavo se vieron estirados hasta el límite debido al
peso de las cadenas que su Ama había suspendido en las pinzas. El
peso se iba sumando cadena a cadena, que Laly, de pie frente a ellos, les
ofrecía en una bandeja, y de la que paulatinamente se iban sirviendo
mientras bebían, se besaban y hacían comentarios y preguntas
vejatorias al esclavo.
- ¿Estás contento
así? Yo creo que con una cadenita más estarías más
guapa y parecerías más puta de lo que eres ¿No iras
a decepcionarme ahora, verdad? preguntaba Rebeca con hiriente sorna.
- No Ama,... no...no...
Disfrute conmigo acertó por fin a contestar el esclavo.
Las cadenas fueron acumulando
peso hasta que finalmente una de las pinzas se desprendió del pezón
provocando un terrible dolor al maltratado esclavo. Su Ama tiró
del otro extremo hasta que la otra pinza se desprendió del torturado
pezón. Su esclavo parecía desmayarse por el sufrimiento,
pero contuvo la exteriorización de su dolor lo mejor que pudo. Sus
dos pezones mostraban la huella fresca y reciente de la mordedura de las
pinzas.
Después el Ama fue
quitando a fustazos el resto de las pinzas que Laly había puesto
alrededor de los pezones. El esclavo haciendo un ímprobo esfuerzo
contuvo con sumisión y entrega el agudo e intenso dolor que los
pellizcos de las pinzas le producían al ser arrancadas de su piel
por la fusta. Sin embargo no pudo evitar que los ojos se le llenaran de
lágrimas.
- Laly, lámele los
pezones ordenó inmisericorde el Ama, mientras abrazaba a su alumno.
La saliva de su compañera le producía un escozor terrible
que casi no podía resistir. Pero, pronto fue reprimido.
- ¿Acaso no vas a
agradecer el servicio que te brinda Laly? ¿Así es como le
das las gracias por su gesto? le recriminó Rebeca, cogiéndole
fuertemente por la mandíbula y soltándole una bofetada.
Laly continuó lamiendo
los pezones del esclavo mientras Rebeca se recreaba besando y metiendo
mano a Jota, que a pesar de los impulsos se supo contener sin poner una
sola mano encima de su Maestra. Rebeca, que había acometido la embestida
para poner a prueba a su alumno, lo premió con una abierta sonrisa.
A sólo un metro de distancia el feminizado esclavo iba poco a poco
aliviando su dolor de forma que los lametones de Laly resultaban cada vez
menos amargos y más dulces. Pero su Ama consideraba que la diversión
no había hecho más que empezar, y que ésta pasaba
en gran parte por su incondicional somentimiento a todo tipo de castigos
y vejaciones.
Rebeca ordenó después
que se soltara a su esclavo y que se le atara con las cadenas de castigo,
es decir, con las manos a la espalda pero forzadas hacia arriba, casi a
la altura de las cervicales. Tomó esta decisión como reprimenda
porque al ser soltado no se tiró a sus pies para besarlos tal y
como su Dueña esperaba, preocupándose más por el dolor
que las cadenas le habían ocasionado en sus muñecas. Esto
le costó en principio una bofetada y después, cuando ya besaba
sus pies, una tanda de diez fustazos.
- ¿Así es
como me agradeces que te suelte, putita insolente y maleducada? preguntaba
el Ama en tono recriminatorio a su esclavo por su falta de disciplina,
mientras descargaba su enfado contra sus posaderas. Otra vez el esclavo
trató de paliar la furia de su Ama poniendo su cara contra el suelo
como muestra de respeto y sumisión. Rebeca, que tal vez le hubiera
propinado diez golpes de fusta más, se sintió complacida
con el gesto y le piso la cara, frotándose una vez más las
suelas de sus Sagrados Zapatos contra su mejilla. Sin embargo esto no impidió
que, después de recrearse un tiempo con la vejatoria pose, descargara
cinco veces más la vara contra sus grupas.
- Espero que esto no vuelva
a ocurrir más advirtió amenazante Rebeca, alzando el índice
de su mano derecha mientras desfiguraba el rostro de su esclavo con el
empuje de su zapato.
- No Ama, no volverá
a ocurrir contestó, mientras contemplaba a su Dueña desde
el suelo en un espectacular contrapicado.
Después del castigo
fue otra vez Laly la encargada de darle consuelo y también de
inmovilizarlo con las cadenas de castigo. En ese momento Rebeca decidió
dar a todos un respiro, que para Jota se convirtió en un premio
en tanto que su Maestra lo llevó hasta la barra de la cocina y brindó
con él. En la mirada y en el rostro de Rebeca se dibujaba un tono
dulce que Jota interpretó acertadamente como una licencia para poder
tocar a su Maestra. Se besaron, bebieron de nuevo y se solazaron con las
manos, pero siempre era Rebeca la que manejaba la batuta; pronto quiso
dejarlo claro.
Subida en el mármol
de la barra, era ella la que dominaba la situación, la que gozaba
de una posición más privilegiada. Alzándose el vestido
y apartándose el tanguita ordenó su alumno que le lamiera
el coño. Desde la altura de su Majestad podía contemplar,
no sin ocultar el placer que Jota le estaba deparando, cómo Laly
consolaba a su compañero, cómo le acariciaba los glúteos
y la espalda, cómo le besaba en la boca y cómo le acariciaba
el paquete descompuesto de su sexo, dado que la braguita usada que llevaba
puesta apenas podía ocultarle el pene, menos aún cuando su
polla comenzaba a erguirse por el sutil y sugerente trato que Laly le dispensaba.
En ese momento Rebeca decidió que la fiesta debía continuar.
Rebeca mandó que todo
el mundo se arreglara para continuar. Puso especial celo en que Laly se
retocara el maquillaje y se pintara los labios, tal y como ella misma hizo.
Al llegar de nuevo a la salita se sentó en el sofá junto
a Jota. Poco después sus dos siervos se postraron a sus pies mientras
ellos, indiferentes, barajaban la conveniencia de desprender al esclavo
feminizado de las bragas y a Laly de su minifalda. Rebeca interrumpió
súbitamente la conversación para recriminar a su esclavo
su pobrísimo decoro.
- ¿Así es
como obedeces tú a tu Ama? ¿Mira a Laly cómo se ha
arreglado? le recriminó asiéndolo con fuerza de las mandíbulas
y girándole la cara hacia Laly Está visto que hoy te has
propuesto ponerme en evidencia delante de mi alumno y de su esclava- reiteró
Rebeca, esta vez obsequiando al esclavo con una sonora bofetada.
- Laly, trae un poco
de maquillaje y un lápiz de labios y arregla a esta putita, si es
que es posible dijo echándose hacia atrás en un ostensible
gesto de desesperación.
Cuando Laly llegó
el esclavo se puso en pie y dejó que su compañera le pintara.
Rebeca se levantó para contemplar los resultados de cerca y felicitó
por ello a la esclava. La sesión se encaminaba de nuevo hacia otro
punto climático, otro punto que debería estar obligatoriamente
más alto que el anterior.
Al introducir su mano por
entre las braguitas, Rebeca comprobó de un modo táctil algo
que ya era perceptible con la vista, su esclavo se estaba mojando desde
hacía ya tiempo.
- Pero mira que eres puta
¿Quién te ha dado a ti permiso para que te corras así
como una cerda? ¡Contéstame!- gritó con fuerza Rebeca
a la vez que le propinaba otra bofetada Eres una puta incorregible, te
voy a tener que poner a trabajar en las esquinas, eso es lo único
que mereces le recriminaba el Ama mientras humedecía una y otra
vez sus dedos con el semen que cubría todo su glande para introducírselos
después en la boca Cómetelo, chupa guarra. Cómete
todo tu semen, viciosa ramera.
Obedeciendo de inmediato
la imperiosa orden que Rebeca hizo señalando con el índice,
Laly le quitó las bragas a su compañero y las puso en manos
de su Ama.
- ¿Has visto cómo
has dejado las bragas de Laly? Mucho más mojadas que ella. Si sigues
mojándote así te azotaré hasta la extenuación
amenazaba Rebeca mientras tiraba las bragas hacia un rincón de
la casa y ordenaba a su esclavo que las cogiera y las depositara en el
cesto de la ropa sucia. El esclavo, a golpes de látigo, cogió
las bragas del único modo que podía, con la boca, y las depositó
en una canastilla situada al lado de la lavadora.
- Ven aquí - ordenó
amenazante. Rebeca comprobó que el flujo de semen seguía
humedeciendo el pene de su esclavo Veo que eres incorregible, que eres
mucho más puta de lo que en principio cabía esperar le
reprochaba introduciéndole sus dedos húmedos de semen en
la boca
Límpiame bien los
dedos, límpialos. Te aseguro que como se caiga sobre la alfombra
una sola gota de semen la vas a limpiar con tu sucia lengua ¿Entendido?
advirtió al tiempo que le propinaba un latigazo.
- No mereces ir pintada
como una señorita, debes ir pintarrajeada como una auténtica
ramera de esquina decía el Ama mientras tomaba el lápiz
de labios y pintaba a su esclavo de un modo desfachatado y soez, sobrepasando
de una manera exagerada el límite de sus labios Así estás
más en consonancia con tu categoría, así estás
como mereces.
Rebeca le recordó
que por haber tomado placer sin permiso sería castigado con diez
fustazos y diez varazos. El esclavo se arrodilló y le besó
los pies.
Rebeca dirigió entonces
la mirada hacia Laly, que desde hacía unos minutos era sometida
al acoso de su Amo, que ejercía sobre ella todo tipo de tocamientos.
Jota apartó sus manos de Laly al observar que su Maestra se acercaba.
Rebeca le acarició el rostro con una mezcla de altanería
y ternura. Después la rodeó con un andar pausado y le ordenó
que se quitara la falda. Hizo un gesto significativo para que su alumno
comprobara si la esclava había vuelto a mojarse sin pedir permiso.
Cuando Jota alzó
los dedos para que su Maestra lo comprobara vio que estos estaban totalmente
humedecidos. Sin embargo quiso comprobarlo por ella misma.
- ¡Oh! Cariño,
has vuelto a mojarte le reprochaba con dulzura Rebeca mientras se limpiaba
los dedos en su boca, algo que ya había hecho previamente Jota.
El castigo era el mismo,
diez golpes de fusta y diez de vara, pero Rebeca dicidió que sería
su putita la que purgara por ella la pena, recibiendo así un castigo
doble.
De rodillas y con cabeza
metida entre las piernas de Laly, a la que Rebeca consintió que
se sentara en el sofá, el esclavo fue recibiendo la severa tanda
de golpes. Como ya era habitual fue obligado a contarlos y a dar las gracias
por cada uno de ellos. Conforme iba avanzando el castigo las huellas de
los varazos y los fustazos iban conviertiendo su trasero en un desorden
de líneas profundas, que le enrojecían en tonos cada vez
más oscuros. De vez en cuando permitía que Laly le acariciara
durante unos segundos pero sin que eso supusiera alivio alguno para el
contrito penitente.
Al llegar a cuarenta Rebeca
puso su pie, en un marcado gesto de poderío, sobre la grupa del
esclavo afirmando que se había divertido mucho. Pasados unos segundos
sin que hubiera reacción, Rebeca repitió la frase con mayor
fuerza y clavando ligeramente su tacon en el trasero de su siervo. La reacción
que Rebeca esperaba no se hizo esperar, su esclavo le suplicó con
un vacilante discurso que siguieran divirtiéndose con su cuerpo.
El Ama buscó entonces la mirada de su alumno, sin disimular una
abierta sonrisa de satisfacción.
Rebeca decidió que
al trasero de su esclavo le faltaba color por lo que ordenó a Laly
que encendiera las velas perfumadas de colores que guardaba en la estantería.
Poco después las grupas y la espalda del esclavo fueron transformándose
en un pluritonal cuadro vanguardista, cuyas pinceladas le provocaban un
insufrible dolor. Rebeca y su alumno vertían, cada uno con dos velas,
el confeti de fuego sobre la piel del esclavo que se sacudía y se
estremecía por el punzante impacto de la cera candente.
- Mira qué guapo
te hemos dejado dijo en un momento Rebeca, cuando consideró que
el castigo era ya suficiente Es una pena que ahora te tengamos que limpiar.
Sin embargo estás tan guapo que no puedo resistir la tentación
de fotografiar mi obra tomó una cámara y le hizo varias
fotografías.
Rebeca y Jota limpiaron
la cera esparcida por el cuerpo del esclavo con golpes de látigo,
fusta y vara, convirtiendo el castigo en un tormento casi interminable.
Los diez últimos golpes fueron especialmente duros, de modo que
el esclavo apenas pudo contenerse, emitiendo al final estentóreos
gritos de dolor. Al terminar, entre sollozos contenidos, se dio la
vuelta y besó los pies de su Ama; esta vez sí había
aprendido bien la lección.
- Veo que estás aprendiendo.
Ahora quiero que limpies bien todo esto dijo,
señalando todas las
virutillas de cera esparcidas por el suelo.
- No quiero ver ni un solo
resto de cera en la alfombra ordenó satisfecha, otra vez pisándole
la cara.
Rebeca decidió que
la fiesta debía tomar otro cariz por lo que ordenó a Laly
que liberara al esclavo de las cadenas de castigo. Al sentirse desatado
y devolver sus brazos a la posición habitual sintió como
los hombros le crujían dolorosamente, debido a la forzada postura
a la que había estado sometido durante tanto tiempo. Durante unos
minutos permitió que Laly le masajeara los hombros, y que mutuamente
se abrazaran y se besaran, al tiempo que Rebeca, otra vez sentada sobre
la barra de mármol de la cocina, besaba a su alumno y le invitaba
esta vez a que le lamiera los pezones. Rebeca no podía disimular
el gozo que le proporcionaba ser Dueña y Señora de la situación.
Desde su atalaya de Diosa disfrutaba de una perspectiva única, la
de la contemplación del futuro que tomaría esa fiesta.
Rebeca decidió en
primer lugar cambiar su vestuario, sustituyendo el sujetador rojo y el
vestido de vinilo por una falda de látex con cremallera delantera
y una camisa transparente sin sujetador. Cuando apareció de nuevo
en la sala los dos esclavos permanecían de rodillas al lado de Jota.
Rebeca desplegó su mano buscando el contacto con su alumno y tomándolo
por la cintura se situó frente a los dos siervos.
- Bien, creo que ha llegado
el momento de disfrutar con este par de putitas decía mientras
con su mano acariciaba la espalda de Jota.
Rebeca alzó la cara
de su esclavo burlándose del pintalabios que desbordaba los contornos
de sus labios dándole un aspecto desaliñado y torpe. El Ama
le escupió en la cara tres veces y se deleitó contemplando
como el sumiso esclavo lamía y absorbía la saliva que bañaba
su rostro. Rebeca le extendió la saliva restante por toda la cara
frotándole con la mano e introduciéndole los dedos en la
boca.
- Sí, eso es lo que
me pareces, una escupidera con cara de putita verbenera le decía
mientras le frotaba el rostro con la mano y le metía los dedos en
la boca ¡Abre bien esa boca! le repetía, disparándole
salivazos que entraban directamente en su garganta.
- Bien, ahora quiero que
me quites las bragas sin que toques un solo poro de mi piel ordenó
mientras alzaba la cremallera de su falda de látex.
Mientras le quitaba las
bragas no pudo evitar rozar su piel en un par de ocasiones por lo que recibió
dos latigazos. Rebeca tenía siempre a mano la fusta o el látigo.
- Dámelas ordenó
Ves, éstas sí que pueden estar mojadas, porque yo puedo
tomar placer cuando quiera, o sea, igual que tú, cuando YO quiera
y le golpea con el tanguita en la cara Mira, ¿lo ves? mostraba
desafiante a su afeminado esclavo, poniéndole la mancha de flujo
ante los ojos Vamos lámelas, limpia con tu lengua el flujo de
mi tanguita.
El esclavó lamió
las bragas aunque su Ama terminó introduciéndoselas en la
boca.
Rebeca abrazó de
nuevo a Jota, que siempre estaba a su lado, y le besó en la boca.
Esta vez se situaron frente a la esclava Laly, a la que Jota ya había
desprendido de la camiseta, de forma que iba únicamente vestida
con los zapatos. Situándose por detrás de su alumno, Rebeca
le acariciaba el pecho, el vientre y finalmente la entrepierna. Con una
habilidad inusitada el Ama desabrochó el cinturón y el botón
de los pantalones de cuero. Siempre desde atrás Rebeca miraba hacia
abajo desafiante, buscando la mirada de Laly. Rebeca ordenó que
le bajara los calzoncillos, permitiendo así que el Ama pudiera manipular
sin problema el pene de su alumno. Laly, a pocos centímetros del
miembro de su Amo abría la boca siguiendo las órdenes de
Rebeca.
- Vamos, cómetela,
cariño. Chupa bien chupada la polla de tu Amo, si no te castigaré
de verdad dijo Rebeca con indisimulada pasión, viendo cómo
Laly se introducía el pene en la boca.
Pero la perversa imaginación
de Rebeca, especialmente dotada para idear situaciones degradantes y vejatorias
iba a deparar a su esclavo una terrible sorpresa.
- Ven aquí putita
dijo tirándole de la correa del collar que enroscaba su cuello,
de forma que lo situó junto a la esclava Laly, cariño,
no te la comas tú toda. Sácatela de la boca y lámela,
dale lengüetazos como si fuera un polo de fresa decía con
humillante sarcasmo.
- Venga, putita, ahora tú
también. No vas a ser tan desconsiderada de no aceptar el gesto
de Laly, que te ofrece compartir semejante manjar le dijo mientras le
quitaba el tanquita de la boca y se lo colocaba de sombrero.
El esclavo dudó durante
unos segundos, hasta que la fusta de Rebeca le convenció de que
lo mejor era obedecer. Situado frente a la boca de Laly, pero separado
de ella por un enhiesto pene, el esclavo imaginó que la besaba,
y así, su boca, siguiendo el ritmo de la de Laly, comenzó
a lamer la polla de Jota. Esta vez sí que el esclavo se sentía
absolutamente puta. Sin embargo, su degradación aún no había
alcanzado el nivel más alto.
Rebeca apoyó su pie
derecho sobre la pequeña mesa de la salita, de forma que su vulva
quedaba más franca para la contemplación.
- Laly, cariño, acércate
dijo haciendo un gesto significativo con el dedo. Laly se acercó
caminando de rodillas hasta situarse justo a sus pies. Pero en ese momento
Rebeca estaba más pendiente de la humillación de su afeminado
esclavo que de la obtención de su propio placer. Al ver que éste
dudaba, abandonó a Laly y se acercó de nuevo hacia él.
- Bien, ahora es cuando
me vas a demostrar que eres una auténtica putita. Quiero que te
comas bien comida la polla de Jota, y más vale que lo hagas ahora
mismo si no quieres que me enfade.
El esclavo volvió
a dudar por lo que Rebeca tuvo que abandonar su postura complaciente para
propinarle una tanda de fustazos. Espoleado por la ira contundente de su
Ama, el degradado y feminizado esclavo tomó el pene del Amo Jota
y se lo introdujo en la boca succionándolo con un apremio no exento
de angustia y desesperación, pues temía que en cualquier
momento su Ama descargara de nuevo la fusta sobre su lacerado cuerpo.
Satisfecha por la sumisión
y la obediencia de su esclavo, Rebeca regresó frente a Laly y apoyando
de nuevo el pie sobre la mesita le ofreció su coño para que
se lo chupara. Después se sentó en el sofá y dejó
que la esclava, arrodillada a sus pies, siguiera lamiéndoselo. El
placer que le proporcinaba su lengua era similar al de la contemplación
de su desdichado esclavo que, ejerciendo de puta, practicaba una felación
a su aventajado alumno.
Al poco tiempo Jota también
tomó asiento en el sofá, al lado de su Maestra, desprendido
ya del calzado, los pantalones de cuero y el tanga. Rebeca besaba a su
alumno y de vez en cuando ordenaba con sorna, como si de un baile de salón
se tratara, el cambio de pareja.
De nuevo volvió a
correr el champán. Rebeca y Jota brindaban, se besaban y bebían
sin cesar. La Maestra de la Dominación reía con vejatorias
carcajadas cada vez que ordenaba un cambio de pareja y veía como
los dos esclavos se desplazaban precipitada y desordenadamente sobre el
sexo que sólo un segundo antes había lamido el otro compañero
de sumisión. La noche hizo irrupción en la casa casi de golpe,
de modo que fue preciso encender la cálida y sugerente lámpara
de pie que adornaba el rincón de la salita.
Rebeca sabía que
la sesión había entrado ya en una cadencia imparable, que
había que mantener el dinamismo para evitar que la ascesión
climática perdiera su ritmo. Durante un tiempo dejó de que
su afeminado esclavo le lamiera exclusivamente a Ella su Sagrado Sexo,
mientras que Laly hizo lo propio con la polla de Jota.
- ¿Te da envidia
Laly? ¿Te da envidia porque tiene una polla en la boca? preguntó
Rebeca a su esclavo, rompiendo un silencio que se había prologando
durante varios minutos y que solo había sido profanado por los continuos
jadeos.
- No, Ama, no. Yo estoy
muy contento lamiendo su Sagrado Coño.
Rebeca tomó entonces
uno de los penes de látex colocados encima de la mesita, cuya base
la asentó en el clítoris. Rebeca era una mujer poderosa y
caprichosa, lo único que podría envidiar de Jota es que éste
tuviera polla. Ahora ella también la tenía.
- Vamos putita, a qué
esperas, cómeme la polla. Cómemela despacito y bien.
De nuevo la Dueña
y Señora de la situación quiso hacer alarde de su condición
acaparando para ella todos los placeres. Así, mientras su putita
le chupaba la polla, Jota le lamía los pezones y le besaba, y Laly,
que fue obligada a enfundarse un guante de látex, estimulaba
el culo de su compañero de sumisión para deleite contemplativo
de su Ama.
- Muy bien Laly. Así,
aplícale bien el lubricante y métele el dedo. Primero uno
y luego dos. Méteselos bien adentro y gíralos, quiero ver
como mi putita se retuerce.
Después de varios
minutos de grandísimo placer, y cuando el culo del esclavo había
sido suficientemente estimulado, Rebeca entregó el pene que su putita
le estaba lamiendo a Laly, mientras ella tomaba de la mesita otro de mayor
diámetro.
- Muy bien Laly, eso es,
fóllatelo por el culo, sodomízalo como se merece decía
mientras Jota le lamía los pezones y su esclavo le comía
la polla.
Poco después el enorme
pene, que además servía como plug, fue entregado a a la
esclava para sustituirlo por el anterior de menor diámetro. A pesar
del dolor y de la resistencia de su esfínter, Laly consiguió
alojar en el culo del esclavo el enorme pollón de látex.
Rebeca, que se había tumbado en el sofá, contemplaba el espectáculo
con deleite, viendo a su putita besándole los pies entre sollozos
y sintiendo cómo su alumno le lamía el coño con agradecida
pasión.
Pero pronto Rebeca sintió
deseos de sodomizar personalmente a su esclavo, por lo que se incorporó,
desplazó a Laly y, tomando el pene con fuerza, comenzó a
penetrarlo. Metía el pene hasta el fondo y luego lo sacaba por completo,
de forma que podían contemplar el esfínter dilatado del degradado
siervo.
- Mirad, mirad qué
agujero tiene mi putita. Fijaos bien, hay que ser muy zorra para tener
semejantes tragaderas decía el Ama cada vez que sacaba el pene
y les mostraba el dilatado culo. Después volvía a intruducirlo,
provocando el dolor y las contusiones de su siervo.
- Ama, por piedad le pido
que no siga torturándome así. Se lo suplico dijo el esclavo
entre sollozos y convulsiones.
- ¿Acaso no vas a
aguantar cinco o seis embestidas más, guarra?- le reprochó
propinándole un fuerte azote en el trasero.
Finalmente decidió
dejar el pene de látex alojado en el interior de su culo, como si
fuera un tapón. El esclavo dejó de convulsionarse y besó
de inmediato los pies de su Ama.
- ¿Te sientes ahora
más puta? ¿Acaso no te sientes ahora plenamente realizada
como la puta que eres?- preguntó desafiante Rebeca, ordenando a
su esclavo que se pusiera en pie. Mietras Jota seguía en el sofá
disfrutando de la sumisión de Laly.
- Sí, Ama, me siento
plenamente realizada como puta y le doy las gracias por ello - contestó
el esclavo
Rebeca volvió a
atar la correa de paseo del perro en el collar de su esclavo, con la que
le obligó a inclinar la cabeza al tiempo que volvía a hacer
uso de él como escupidera humana.
- Gracias Ama dijo el
esclavo mientras relamía la saliva que acababa de recibir.
- Tengo ganas de orinar
sentenció contundente Rebeca, sin dar casi tiempo a su putita
a pensar. De inmediato el esclavo se precipitó al lavabo y regresó
corriendo a la salita, poniéndose de rodillas ante su Ama y alzando
con sus dos manos una vasija a modo de orinal.Todavía tenía
restos de saliva en la cara.
- ¡Quítame
primero la falda, imbécil! gritó furiosa Rebeca, soltando
sobre la cara de su esclavo un sonoro tortazo.
- Perdón, Ama. Perdón
respondió todavía con desconcierto debido al impacto de
la bofetada.
De nuevo con las manos alzadas
sujetando la vasija, Rebeca desató una potentísima meada,
largamente contenida, en la que daba por fin salida al champán bebido
durante toda la tarde.
Con las manos en las caderas
contemplaba satisfecha cómo su esclavo ponía especial cuidado
en que no se cayera ni una sola gota al suelo.
- Vamos, a qué esperas.
Límpiame ordenó a su dubitativo esclavo que todavía
esperaba a que las últimas gotas cayeran sobre el improvisado orinal.
Intrudujo su lengua en su coño sorbiendo así sus últimas
gotas. Rebeca había transformado la lengua de su esclavo en una
toallita higiénica.
- Venga, bébete las
últimas gotas de champán que todavía me quedan dentro.
Límpiame bien, como merezco- Rebeca volvió a hacer uso de
la correa para forzar a su perrita a tumbarse en el suelo boca arriba
Ahora quiero que me saques brillo dijo, mientras se sentaba sobre el
rostro de su esclavo, que sintió sobre la boca el peso de su Ama.
Rebeca se frotaba la vulva
en la cara de su feminizado esclavo, de vez en cuando se sentaba plenamente
y le conminaba a penetrarla con la lengua, orden que su putita obedecía
sin rechistar. Se ahogaba en medio de ese mar de flujos y restos de orín
y trataba de buscar aire en el interior de la vagina. Cuando ya estaba
a punto de pedir piedad con las manos, su Ama se alzaba ligeramente
frotándole su humedecido sexo por el rostro, y permitiendo así
que su esclavo aprovechara desesperadamente para tomar todo el aire que
le había faltado. Poco después el Sagrado Coño volvía
a caer sobre su nariz y su boca.
Cuando Rebeca consideraba
que la lengua de su esclavo no penetraba con suficiente intensidad, le
espoleaba para obtener de él un mayor placer.
- Así, así.
Eso es ¿Ves como con un poco de mano dura te comportas mucho mejor?
Así...Mmm- decía mientras le dejaba la impronta de su fusta
en las piernas de su esclavo.
El esclavo no dejó
de lamer hasta que su Ama consideró que ya era suficiente.
Rebeca tiró de la
correa para obligar a su putita a que se pusiera de rodillas ante Ella.
Tenía el rostro impregnado de restos de flujos, por lo que le frotó
la cara con la mano.
- Eso es, cómetelo
todo, no quiero que dejes nada le decía mientras le manoseaba
una y otra vez rostro y le introducía después los dedos en
la boca. No contenta con ello Rebeca se introdujo dedos en su propio sexo
y le ofreció el exquisito manjar a su esclavo.
- Gracias Ama decía
el disciplinado y sumiso esclavo, mientras su Ama le colocaba bien el tanguita
sobre la cabeza, en un evidente gesto de oprobio y humillación.
Rebeca tomó después
la vasija poniéndola a la altura de la nariz de su esclavo, que
todavía continuaba de rodillas:
- Huélelo, verás
qué aroma tiene. Conserva el buqué de los mejores espumosos
decía mientras introducía la cara de su siervo por la boca
de la vasija- Huélelo, huélelo bien.
- Gracias, Ama. Reconozco
que el olor es insuperable. Conserva el aroma de las ambrosías
respondió tratando de ser acertado con su Ama.
- Sí. Es una lástima
que de repente tengamos tanto champán y que esté caliente.
A mí no me gusta así ¿Quieres probarlo?
- No, Ama... Muchas... gracias...
Ama.
- ¡Así es como
respondes a las invitaciones de tu Señora? le reprochó
Rebeca, fingidamente indignada.
- ¿Quieres entonces
que tire esta preciosa lluvia de oro por la taza del váter? preguntó
de nuevo obsequiándole con otra bofetada.
- Vamos quiero que mis invitados
vean lo que eres capaz de hacer por satisfacer los caprichos de tu Ama-
decía mientras lo llevaba como una perrita de la correa hasta el
lado de la salita, donde su alumno disfrutaba de la contemplación
del buen hacer de su Maestra, a la vez que practicaba el dominio sobre
su esclava, obligándola sin descanso a que le lamiera la polla..
Jota observó admirado
cómo el esclavo metía las manos en la vasija llena de orín
y después se lamía los dedos, siguiendo al pie de la letra
las órdenes de su Dueña y Señora. Fue entonces cuando,
quizá por contagio, le vinieron con mayor apremio las ganas de mear.
Tras consultarlo con su Maestra, ésta le invitó a que escanciara
su lluvia de oro en la misma vasija que ella. Esta vez fue la esclava Laly
la que limpió a fondo el pene de su Amo, siempre en presencia de
la Gran Maestra, que supervisó personalmente la tarea de aseo.
- Así es cariño,
chúpala bien. No quiero que de la polla de tu Amo caiga ni una sola
gota le decía colocándose en cuclillas por detras y agarrándole
los pechos con fuerza.
Rebeca ordenó entonces
a los dos esclavos que se desnudaran por completo y que se dirigieran al
servicio. Una vez allí accedió a que el esclavo se liberara
del pene que obstruía y dilataba su trasero. Después les
obligó a meterse en la bañera y les ordenó que se
mearan el uno al otro, mientras vertía sobre ellos la lluvia dorada
de la vasija..
Laly fue la primera en mear
por lo que fue obligada a arrojar su líquido sobre el cuerpo de
su compañero.
- Muy bien, cariño,
eso es. Méalo todo entero decía con la fusta en la mano
y colocando sus brazos en jarra- Vamos putita, abre la boca, saborea lo
que la esclava Laly te ofrece- ordenaba desde su puesto de control, al
otro lado de la bañera.
Rebeca escanciaba un poco
de orín sobre el pecho de su esclavo mientras Laly le llenaba la
boca con su cálida lluvia dorada.
Inmediatamente después
fue ella la que recibió la cálida tempestad de su colega.
Incorporado en un extremo de la bañera, el esclavo regaba con incontinecia
el cuerpo de Laly, que, de rodillas frente a él, recibía
en la boca, los pechos, el vientre y las piernas la tibia ducha que surgía
con fuerza de su pene.
Al concluir la orgía
de oro, Rebeca les obligó a tumbarse y arrastrarse por la ciénaga
de orín que flotaba en la bañera, mientras besaba a Jota
y le metía mano de un modo ya totalmente indisimulado.
- Eso, así, muy bien.
Quiero que os frotéis bien con este néctar que os regalamos.
Yo os declaro oficialmente bautizados como esclavos. Debéis besaros
- decía mientras arrojaba sobre ellos todo el líquido dorado
que todavía quedaba en la vasija.
Los dos esclavos se revolcaron
en la bañera tal y como su Ama les indicaba, se frotaron, se metieron
mano y se besaron, consumando así el bautismo de sumisión
que su Ama había ideado para ellos.
El deleite que producía
esta magistral lección de humillación hizo que los dos Amos
evidenciaran de un modo cada vez más claro sus ganas de aliviarse.
Se besaban y se tocaban si perder de vista el maravilloso espéctáculo
de sus dos esclavos, que en la ciénaga de la bañera también
se acariciaban y se besaban..
Rebeca salío del
baño tomando de la mano a Jota.
Después llegó
la ducha. Una ducha placentera y compartida en la que se jabonaron el uno
al otro, intercambiando caricias, tocamientos y prolongados besos, tal
y como habían hecho minutos antes en la bautismal ducha de oro.
Cuando terminaban de secarse
escucharon cómo la voz de Rebeca les apremiaba para que se presentaran
ante ella. Ambos entraron en la habitación del Ama postrándose
de rodillas ante ella, que medio desnuda abrazaba y besaba a su alumno.
Al instante sintió los labios de sus siervos besando sus Sagrados
Pies.
- En general estoy satisfecha
con vuestro comportamiento aunque hay todavía muchas cosas que mejorar.
Tenéis media hora para recoger y poner orden en la salita, la cocina
y el baño. Tengo ganas de salir a comer algo y tomar una copa, si
tardáis os quedaréis en casa. Por cierto, también
os doy permiso para solazaros como queráis. Pero ahora salid y cerrad
la puerta concluyó Rebeca, que enseñaba sugerentemente
un pecho mientras manipulaba con maestría el pene de su alumno.
Tanto la pareja de esclavos
como la de Amos tuvieron tiempo de aliviarse y de alcanzar la cima de esa
placentera pendiente que habían comenzado a escalar a primera hora
de la tarde, en el mismo momento en que se encontraron en la cafetería.
Después salieron
a comer algo y a tomar unas copas. Sin embargo, pasada la media noche,
oculto en cada gesto, se sentía que algo excitante se activaba de
nuevo entre las dos parejas. Entre el perfume de los gin-tónics,
el aroma de las cervezas y el ruido ensordecedor de la música era
evidente que la libido de los cuatro amigos había vuelto a coger
altura. La pasión, la sed de dominación, la lujuría
y el deseo se percibían sin dificultad entre la maleza de cruces
de miradas, sonrisas y palabras al oído. Pero esta vez las fuerzas
parecían estar orientadas en sentido contrario.
- Rebeca, ve a la barra
y pídeme otra copa dijo Laly con naturalidad, sin querer perder
la armonía mantenida a lo largo de la conversación, pero
sin disimular tampoco el gesto severo de su mirada.
Cuando regresó, minutos
después, apoyó la copa sobre la mesa y enseñó
su bolso abierto a Ernesto, dentro estaban sus bragas todavía calientes.