PILIX  DIOSA  GUERRERA
 
En la paradisiaca Isla “LILITH”, la selva virgen es la reina. Su suelo húmedo está oculto de los cielos por una cortina de innumerables copas de arboles floridos. La música salvaje de millones de exóticos pájaros rompe la brisa del alba; un concierto que se prolonga sin interrupción de rama en rama sobre colinas, llanuras y montañas. Frente a sus bajas costas del sur, se desparraman tres islas menores: SALOME , DALILA y JUDITH, bautizadas por la Emperatriz conquistadora Frenebunda. La toponimia se enlaza con los mitos bíblicos de una forma para nada inocente. Frenebunda era una estudiosa de las tradiciones judeo-cristianas y además en aquel tiempo esa geografía deslumbrante ya había acuñado al único Sistema de dominación Matriarcal que llegó hasta nuestros días.

Gracias al prestigioso Editor del “Baltimore Times” me he podido explayar en esta columna sobre las características sociales, económicas y políticas propias a este lejano Imperio. Pero hoy quiero asomarme a su Panteón mítico para evocar la memoria de PILIX la “Diosa guerrera”. Según la tradición, las féminas de LILITH deben a ella su actual supremacía sobre sus hombres esclavos.

El mito de PILIX tiene más de 2000 años. En esa época la isla-llamada “MULAH”- era un típico reino esclavista, asentado en un Patriarcado muy particular. La autoridad era ejercida por el varón jefe de cada familia y las mujeres tenían prohibido hasta el caminar por las aldeas. Encerrradas en sus casas, cumplían el papel de reproductoras de la especie y el de servir al goce sexual de sus Amos.

Todas las muchachas del reino eran iniciadas en el sexo en la Corte Real, participando en sangrientas orgías donde se las torturaba bárbaramente. Si alguna niña nacía con algún defecto físico importante, era ahogada en las costas del Pacífico. Además, cada tragedia natural –como los tifones o las inundaciones, eran atribuidas a la maldad del espíritu femenino y cientos de mujeres que ya no podían satisfacer los apetitos sexuales de sus Amos, eran quemadas en enormes piras para expiar la culpa colectiva.

En este marco histórico ocurrió la GRAN REBELION DE LAS MUJERES GUERRERAS .El ejército del Rey Folis capituló y se instauró un cerrado sistema de dominación femenino: un MATRIARCADO, también él muy particular, donde sobresale la institución del “matrilinaje” .Este hecho trascendental es explicado por el MITO DE PILIX......

PILIX era una muchacha hermosa. Una tarde de invierno , junto a otras quince jóvenes, se había escapado de la fortaleza real. Eran quince de entre cientos de esclavas entrenadas en la lucha más despiadada. Competían entre ellas en duelos a muerte y enfrentaban a animales feroces en sangrientos espectáculos públicos.
PILIX acaudilló al grupo de las fugitivas y se dirigió hacia la selva central. A su paso sublevó a las esclavas de numeras aldeas. En pocos meses formó un verdadero ejército femenino, mal equipado, pero con un gran espíritu de cuerpo.

En una decisión temeraria avanzó hacia la capital del reino dispuesta a derrotar al Rey FOLIS y acabar con la tiranía masculina.

Los ejércitos se encontraron en un lugar que hoy conocemos con el nombre de “Valle de las Vaginas”. Los Jefes no se atrevieron a desencadenar la batalla definitiva. Cambiaron embajadores y la cuestión se resolvió de la siguiente manera: la lucha que se avecinaba era despareja. Los hombres contaban con todos los medios para masacrar a las libertas. Entonces los consejeros del Rey FOLIS , juzgando que la carnicería sería perjudicial para la Isla dado que sucumbirían miles de fértiles muchachas, propusieron a PILIX un duelo a muerte entre ella y el apuesto Monarca.

FOLIS se sabía poderoso y ciertamente lo era. Los historiadores lo describieron como un joven imponente, de larga cabellera rubia y temibles ojazos azules. Su físico estaba moldeado por años de entrenamiento en las artes de la guerra. Pero sus facultades intelectuales eran nulas y dejaba los asuntos de estado en manos de los Escribas. Estos últimos, seres despreciables y sin escrúpulos, pensaban que el duelo sería un trámite para su altivo Rey.

Lo cierto es que PILIX aceptó el desafío en nombre de la libertad de sus pares y al alba del día señalado, los dos ejércitos entregaron sus armas y se dispusieron en las colinas para ver el espectáculo.

Según lo acordado por los contendientes, ambos irían a la lucha desnudos y desarmados. El sonido de un cuerno hizo que FOLIS descendiera hacia el valle con su brazo derecho en alto. Era una masa de músculos capaz de hacer avergonzar al propio Hércules. PILIX fue a su encuentro con sus cabellos de oro al viento y sus pechos firmes y su cola maciza perturbaban el ánimo de sus enemigos. Sus piernas eran hermosas y guardaban los recuerdos de las innumerables batallas de la fortaleza real.

El combate tuvo lugar en un terreno tapizado por la blanda hierba y en un perímetro demarcado por cuatro enormes lanzas. Los dos se miraron a los ojos y un nuevo rugido del cuerno desató la lucha feroz. FOLIS embistió como un toro bravo, pero ella lo eludió gracias a sus ágiles piernas. De pronto arqueó su cuerpo y aplicó una terrible patada en una de las rodillas del Rey que pareció perder el equilibrio. Pero el hermoso tirano se repuso y alcanzó a voltear a PILIX mediante una zancadilla. La guerrera cayó de bruces y su cuerpo elástico la salvó de un pisotón en la cabeza.

FOLIS sonreía constantemente, como saboreando el triunfo por anticipado. De repente los brazos de ambos se trenzaron y el Monarca doblegó a PILIX. La tomó por los cabellos rubios y le dio un fuerte golpe en el rostro; ella quedó aturdida y la bestia real la arrojó fuera del perímetro mediante una patada en el abdomen. La muchedumbre de hombres rugió en las colinas pero PILIX volvió a la lucha con su rostro sangrante.

Intentó una patada voladora que el Rey detuvo sin esforzarse. El duelo parecía definirse a favor del fuerte varón. Sabiendo que era su momento, FOLIS arremetió con toda su fuerza pero la joven guerrera burló sus intentos revolcándose por la hierba y desplazándose con gran plasticidad. El comenzó a llenarse de odio y lanzó puñetazos y patadas al aire pero PILIX parecía intocable.Su bello rostro se bañaba con la sangre que manaba de su delicada nariz, pero se agrandó ante la adversidad y contraatacó con un certero rodillazo que sacudió los testículos de FOLIS. Este se arqueó ahogado por el golpe y ella aprovechó para partirle la nariz de un talonazo lo cual fue vivado por las féminas gargantas que incrédulas de lo que ocurría, no dejaban de gozar con la valentía de su ídola.

FOLIS acusó recibo y se lanzó sin control para intentar acabar de una vez por todas con ese angel justiciero. Era la fuerza bruta del hombre contra la astucia de la mujer. Cuando el Rey quiso atropellarla ciego de furia PILIX se arrojó al suelo y de entre las piernas de su enemigo tomó los testículos y los retorció con violencia. El muchacho aulló desesperado y cayó de rodillas. Entonces la guerrera le clavó sus larguísimas uñas en sus ojazos azules que se apagaron para siempre. FOLIS , al sentirse cegado, enloqueció y lanzando terribles gritos de rabia y dolor intentó alcanzarla con torpes puñetazos lanzados al vacío. PILIX se echó a reír y haciendo gala de una extrema crueldad lo llamaba diciéndole : “ Vamos mi Rey, mírame, estoy aquí”.....”Pobrecito, ¿he lastimado tus ojos?”.. El Rey a los tumbos intentó alcanzarla pero cuando perdido en su oscuridad ya rebasaba el perímetro de la lucha PILIX lo tomó por los cabellos, lo hizo arrodillar y le destruyó la blanca dentadura de un codazo atroz. FOLIS cayó a sus pies abatido por el castigo. La guerrera puso el delicioso pie sobre su pecho en señal de triunfo y para humillación de sus enemigos.

Luego, miró hacia donde estaban congregados los hombres y con una sonrisa de quién se sabe segura de hacer de esa humillación un lento calvario, pisó su cuello, dejando sin respiración a su rival hasta que con ojos abiertos, este dejó de moverse. Había muerto a los pies de su rubia verdugo.

Las mujeres deliraban y vivaban a su nueva reina. PILIX LO HABíA DERROTADO- De allí en adelante los hombres de la Isla pagarían caro aquel desafío. Habían prevalecido la sutileza y la habilidad inherentes a la condición femenina, reforzadas por una crueldad tal vez más refinada pero seguramente más absoluta que la del varón. Esa crueldad femenina que permitió erigir en LILITH un matriarcado que ya tiene más de 2000 años .-
 

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