Había fijado mi presa por decirlo de alguna forma. Un hombre de barriga prominente de piel morena curtida por el sol y de aspecto bonachón, me pareció el adecuado para hacer mi primera intervención , buscando de alguna un valedor por si el encargado ponía alguna objeción. Me dirigí hacia el. - Hola buenos días. - Hola - Me llamo Luis y me envían de la oficina del paro. - Pues muy bien. - Que tengo que hacer para empezar? - Busque al encargado, el que lleva el casco blanco, el le dirá. - Yo pensaba que el encargado era usted. Noté como se henchía ante el halago y como acababa de ganar la batalla. - No soy el encargado pero casi, llevo el suficiente tiempo aquí para saber como funciona toda la empresa.- Me lo dijo con una amplia sonrisa. - La verdad es que han enviado y no tengo ni idea de que es este oficio. - Otro mas que solo viene a sellar? Vaya a la oficina que le pongan el no apto y todo acabado. - No, no es eso. Quiero trabajar, pero no se como.
Aprendo rápido y con un poco de ayuda sabría como hacerlo. Solo hace falta quien me enseñe. En cuanto pueda le compensaré, se lo aseguro. - Anda vamos a hablar con el encargado antes de que se mosquee al vernos hablar.
Nos dirigimos hacia el casco blanco, estaba bajo un cubierto ojeando unos planos, le expuse mi idea, una semana de aprendiz sin cobrar, si después de ese tiempo servía me quedaba, si no me marchaba sin cobrar. Respaldado por los asentimientos de mi nuevo maestro aceptó a regañadientes, pero aceptó.
Me sentí feliz por esa oportunidad aunque el trabajo no fuese de mi línea me permitiría de alguna manera sanear mi economía. Esa primera mañana aprendí a fuerza de subir y bajar del andamio la importancia de llevar un cinturón con las herramientas, y en los trabajos incómodos la importancia de atarlas con una cuerda.
Mi nuevo compañero
me introdujo en la cuadrilla a la hora del bocadillo sin ninguna dificultad.
Comencé a interpretar los silbidos que se pasaban, derecha o izquierda,
según eran rubias o morenas, una o varias y la escala en las que
puntuaban. Sonreí ante esta muestra primitiva de diversión.
Y pensaba en la soledad de la altura como se veía el mundo abajo
a lo lejos, la insignificancia de los paseantes, la diversidad de tribus
que puede pasar por un mismo lugar con la sola diferencia del tiempo.
Daryus.