....... Escuchaba como me llamaban Fálaris, estaba sentado en mi trono. Anunciaban la presencia ante mí de Perilaus, un gran escultor y mala persona. Pensando en su propio placer y en su bolsillo había ideado una forma de disfrutar matando. Me lo ofrecía con grandes aspavientos, pensando que yo era el peor de los Sádicos y disfrutaría escuchando los sonidos lastimeros de mis víctimas. Ante mi mostraban un toro de bronce, perfectamente esculpido, parecía tan real que creí que en cualquier momento saldría corriendo. Pregunté cual era el mecanismo de tan macabra máquina que hasta ahora solo despertaba en mi, admiración, ante tan majestuosa obra.
Comenzó un relato transportándome a la China. Me dijo que allí tenían un tormento que le llamaban " paulo" La mujer de un emperador tenía a su servicio un joven muy servicial que la colmaba de atenciones, en todos sus aspectos. Le acompañaba por los paseos bajo los cerezos en flor, le recitaba poesías, se bañaban juntos en el estanque, y en privado practicaba las delicias que durante tantos siglos esa cultura había cultivado. Un día lo encontró retozando con una de las sumisas sirvientas, la que arreglaba su pelo. Su contrariedad fue tal que ideó una nueva tortura para castigar a ambos. Hizo construir una columna de cobre hueca por dentro de unos dos metros de diámetro y cuatro de alto. Los hizo desnudar a los dos y los ató por medio de argollas y cadenas con la cara contra el cilindro.
Ordenó a otros sirvientes que empezasen a acariciar a los dos desdichados manteniéndolos en excitación continua, en el centro de la columna hizo encender una hoguera y atizarla al máximo. Los gemidos de placer se intercalaban entre los alaridos del dolor, hasta que las víctimas quedaron asadas. Ella ya se había buscado otro joven que calmara su calentura, y en el momento de morir los otros dos, llegó al orgasmo. A partir de entonces, cada vez que quería tener un orgasmo superior hacia que una víctima pereciese bajo ese tormento.
El toro es lo mismo pero mas sofisticado, seguía diciendo Perilaus, está hueco. Por una trampilla se introduce al que se quiere martirizar y debajo se hace la hoguera. La diferencia estriba en que al estar completamente cerrado los gritos solo pueden salir al exterior por el orificio de la nariz, que acomodándoles unas flautas, el sonido puede recordar al mugido del toro.
La idea me pareció fuera de lugar, no era tan sádico como me quería hacer creer. Le pedí que se introdujese dentro e imitase el sonido para hacerme una idea. Sin dudarlo, entro, momento que aproveche para cerrar la trampilla y ordenar que prendiesen la hoguera debajo. Disfrutaba del momento, tal vez si que era un sádico, el inventor probando su propio invento. Me satisfacía el brillo que adquiría la escultura, me llenaban de gozo los sonidos que desprendía, mugidos lastimeros.
En un momento en los que el alma duda, decidí perdonarle la vida, ordené que lo sacasen, todavía estaba vivo.
Empece a desprenderme de ese cuerpo y volver a sentirme etéreo. Desde la altura vi como Fálaris ordenaba que lo tirasen por un barranco y su cuerpo quedase insepulto a merced de las bestias.
Volvía a estar sudoroso
y con la respiración agitada sobre mi cama.
Daryus.