RITUAL 3ª Parte
La comida, deliciosa. jaume cocinaba
muy bien, como era costumbre en
él cuidaba los detalles al máximo.
Los platos, exquisitamente
presentados, llenaban la mesa. Quizás
era algo exagerado en las
cantidades, pero me consta que no lo
hacía porque ellos comieran de
las sobras de sus Amos. Él era
de la vieja escuela: más vale que
sobre que no que falte.
En mitad de la comida yo había
levantado mis pies y jaume,
dócilmente, se deslizó
hasta quedar debajo. Se estremecía al sentir
de nuevo mi peso y saber que en esos
momentos era la alfombra de su
Ama.
eria sirvió el café después
de los postres. Era una esclavita linda
y muy deseable. Acaricié sus
nalgas cuando se inclinó levemente ante
su Amo. De inmediato quedó inmóvil,
sabía que no debía molestarme
con algún giro inoportuno que
me impidiera llegar a dónde yo
deseara.
-"eria, inclínate más"-
ordenó Salvador. -"ofrece esas nalgas a la
Señora"-
Sonreí a mi amigo, mientras eria
obedecía. Él mismo separó sus
cachetes, dejándome ver su ano
completamente depilado.
-"Claudia, a esta niña parece
que no le afecte que le folle a diario
su culo, ¿has visto que agujerito
más cerrado tiene?, es como si
tomara a una virgen cada vez. Eso sí,
no se mueve como una virgen,
jajajaja"-
Acerqué mi mano a su culo y con
el pulgar presioné la entrada hasta
hundirlo casi entero.
eria gimió, disfrutando al ser exhibida y humillada.
-"A ver cuando me lo enseñas,
Salvador. Ya sabes que disfruto al ver
esas cositas"- le dije, con un guiño.
Salvador sujetó a la esclava
por el pelo y pegó su pecho contra la
mesa dónde habíamos estado
comiendo y dónde ya solo quedaban sendos
cafés. Desabrochó con
una mano su cinturón y desabotonó sus
pantalones. Sólo bajó
levemente su ropa interior y dejó salir su
sexo, completamente empalmado.
-"andreu, ven a lamerlo", ordenó
a mi esclavo. El sumiso corrió
raudo a obedecer, empapando de saliva
la polla del Amo y con el culo
de eria a pocos centímetros,
pero a su espalda. Su lengua subía y
bajaba rápidamente, entreteniéndose
a veces lamiendo alguna gotita
del glande, hasta que de un golpe la
metió por entero en su boca.
Salvador la sacó enseguida y
apartó al sumiso de un rodillazo.
Yo me acerqué más aún
a dónde estaba mi amigo, a punto de follar a
su esclava. De siempre me ha atraído
ver en primerísimo plano el
sexo anal. Disfruto mucho, me excita,
observar como se abre el culo
y si hay algo de dolor, aún
más.
Vi que Salvador se recostaba sobre eria
y le susurraba al oído
-"Ahora aguanta para mi, pequeña"-
Volvió a incorporarse y dejando
sitio para que yo pudiera observar
muy bien toda la escena, se colocó
a la entrada, con el glande
pegado a su ano, y sin más,
empujó hasta que el agujerito comenzó a
aceptar ese falo, no sin dificultad.
eria sollozaba de dolor, pero
ni un gesto por zafarse de su Amo.
Su culo quedó abierto, rodeando
por completo la base del sexo de su
Señor. Y yo estaba roja de la
excitación.
Sabía que eria sufría
a cada embestida de su Amo. Éste no iba a
dejarla disfrutar todavía, solo
mostraba su dominio y poder ante
todos. Mi mano se deslizó entre
ambos y miré a Salvador, sonriente.
Me estaba encantando sentir, ya no
solo ver, como sodomizaba a la
esclava, y quería llegar más
allá. Uno de mis dedos acariciaba su
ano, y presionándolo lo metí
dentro también, sintiendo las entradas
y salidas de Salvador, y haciendo gritar
a eria por el dolor extra.
Le di un buen azote en las nalgas con
mi mano libre, ordenándole que
se callara. Obedeció inmediatamente.
-"¿Que te parece, Claudia?-
-"Creo que te la voy a pedir prestada
un día de éstos, jaja"-
contesté-. -"Vamos al salón,
quiero que lama mi sexo, es muy
delicada haciéndolo, y ya lo
estaba echando de menos".
Salvador sacó su sexo del culo
de eria, y su ano, increíblemente,
volvió a cerrarse casi tanto
como antes de ser follada. La pequeña
se arrojó a los pies de su Amo,
con lágrimas en los ojos, y se
abrazó a sus rodillas. Necesitaba
un mimo y Salvador le acarició su
cabecita, satisfecho. -"Buena chica.
Anda, ve a soltar a aleis"-
eria, sonriente, besó los pies
de su Amo y corrió a donde estaba
atado aleis, soltándolo.
En el gran sillón que presidía
la sala había sitio de sobra para
que, cómodamente, jugáramos
con nuestros esclavos. Era un tres
plazas de Roche Bobois, regalo de jaume,
una de sus tiendas
preferidas. En toda la casa había
piezas únicas, cuidadosamente
elegidas por mi sumiso. Había
dejado la decoración de mi ático en
sus manos, siempre seleccionaba el
mobiliario más adecuado y yo
estaba encantada. La dureza y estabilidad
de muchas piezas las había
probado de sobra en numerosas ocasiones,
sobre todo mesas, sillas y
sofás.
Levanté mis piernas y las coloqué
sobre la espalda de aleis. Dolida
como estaba por los latigazos un quejido
lastimero, que casi
consiguió ahogar, silbeo entre
sus dientes. -"Gracias mi Ama"-.
Me divirtió que agradeciera algo
tan simple... y me llenó de orgullo
su sometimiento. Pero era su primera
vez y él estaba encantado. Se
le adivinaba feliz, con los nervios
todavía a flor de piel, pero
feliz.
Le ordené a eria que lamiera
mi sexo. La esclava de Salvador gateó
por debajo de uno de mis muslos y se
colocó entre mis piernas. Las
separé un poco para dejarle
sitio y comenzó a lamer mis pliegues, de
ese modo tan suave y cuidado que caracterizaba
a la pequeña. Me
recliné sobre el espaldar del
sofá y cerré mis ojos. No tenía prisa
alguna, y su lengua parecía
darme la razón. Con parsimonia recorría
mis labios, de un lugar a otro y sus
movimientos, lentos y delicados
me inspiraban relajarme y disfrutar
largamente de las caricias.
Salvador pidió una copa a andreu
mientras acariciaba mi cuello.
Miraba de vez en cuando el trabajo
que realizaba eria con esmero.
Disfrutaba del espectáculo y
de vez en cuando acariciaba fugazmente
su sexo, hasta que, sujetando por el
pelo a jaume, que estaba
arrodillado cerca de él, pegó
su cara a su falo. El esclavo de forma
instintiva abrió la boca y la
polla del amo rozó su garganta. Se
portó como debía, cerrando
los labios alrededor de la verga,
guardándose mucho de rozarlo
con los dientes. Y Salvador, sin
miramientos, comenzó a follar
su boca. No iba rápido, pero si lo
hacía de manera profunda. Parecía
no importarle si el esclavo
respiraba o no. jaume sabía
que era así. No era su primera vez. Y la
verdad, a veces pienso que tampoco
a jaume le importaba demasiado
llenar sus pulmones de oxígeno.
Solo se preocupaba del placer del
Señor. Estaba orgulloso de ser
tomado y conocía su sitio y
obligación.
Yo abrí los ojos y disfruté
también de ver a mi sumiso, follado y
humillado por Salvador. Tomé
la cabeza de eria y la apreté contra mi
sexo. Ella al notar la presión,
comenzó a ir más rápido y lamer con
mas ahínco.
andreu miraba lascivo, con la bebida
en la mano. No le gustaba ser
tomado, pero le encantaba observar
como follaban a su compañero.
Sonreía, esperando que no se
percataran demasiado de su presencia.
Me levanté, dejando a eria algo
confusa, quizás preocupada sin saber
si se habría equivocado y yo
estaba molesta. Pero no se trataba de
eso, no. Mis ideas iban por otros caminos
y recordé que tenia un
esclavo, postrado a cuatro patas haciendo
de escabel y al que nunca
habían follado.
Anoche, hablando con mi sumiso le pregunté
que quién creía él que
debía ser follado hoy por Salvador.
Lo hice como divertimento, a ver
que me contestaba, pero su respuesta
me gustó. -"yo creo que debería
ser el nuevo, Ama"-. Tenía lógica,
así que hoy iba a tomar en
consideración su sugerencia.
Me acerqué a aleis y quité
los correajes que le unían al plug que
tenía en su ano. Dolía
al sacarlo, costó, porque se había secado y
quedado semi pegado a su piel. Lo giré
sobre si mismo y acabó
saliendo. No era un consolador muy
ancho, así que el agujerito
apenas había dilatado, pero
sí lo suficiente para que el esclavo no
sintiera un dolor tremendo dentro de
un minuto.
Vi a Salvador, centrado en la boca de
jaume y le acerqué a aleis,
que caminaba a cuatro patas. Lo coloqué
delante suyo y sugerí:
-"Salvador, deja algo para aleis, que
aún no te ha probado y tiene
que ir enterándose desde ya,
lo que supone ser realmente un esclavo"-
-"Jajajaja, aleis ¿te apetece
ser follado?"-
-"Sí, Señor, me apetece
muchísimo"- contestó aleis, que parecía
haber perdido ya la poca vergüenza
y dignidad que podía quedarle.
-"Suplícaselo entonces, esclavo"-
ordené yo.
aleis se postró ante el Amo,
con la cabeza entre sus pies -"Señor,
se lo suplico, se lo imploro. Sé
que no soy nada y que no lo
merezco, pero se lo ruego, fólleme"-
Salvador dejó al esclavo en esa
postura y caminó dándole la vuelta.
Se arrodilló detrás de
él. Metió su polla lentamente en el ano del
esclavo, que tembló al sentir
el calor de ese sexo en su interior.
Salvador comenzó a moverse y
agarró a aleis por las caderas. A la
vez que embestía atraía
al esclavo hacia él.
Mi excitación aumentaba por momentos.
Volví a tumbarme en el sofá,
ordené a los otros esclavos
que se acercaran. -"niña, sigue por
dónde lo dejaste, jaume te dedicarás
a lamer mi ano y andreu, no
creas que me he olvidado de ti. Primero
lame mis pies, y luego jaume
te follará"-