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Aún logro verte en mi memoria, siempre indomable, una mujer imposible de controlar, eres para mi un desafío, mi fantasía más excitante, y yo la vivo como alguien para quien no existen los límites. Te temía porque no sabía que eras hermosa. Siempre lo supe y sin embargo no tenia fuerzas sino para desearte. Sentimiento que me consumía. Pasaba a diario frente a tu casa, con paso lento, albergando la esperanza de verte. Me habría echado a tu puerta para esperarte , como un perro al amo. Al volver a mi casa , me obsesionaba la idea de que haría si algún dia no volvieras a tu casa. Mi cabeza rechazaba la idea, pero mi obsesión me mantenía despierto noche tras noche. Que sería de mi si me rechazabas... Cada semana esperaba ansioso el momento en el que por fin me encontraba de rodillas en tu habitación , como si mi cuerpo solo pudiera invocarte. Desvistiéndome como si fuese una especie de plegaria y mi existencia se debiera solo a vos. Mentía para verte, inventaba coartadas perfectas. Y cada uno de esos dias me los robaste con descaro. Ahora lo sé . Nunca voy a poder olvidar el vértigo que sentía, como si me hubiese convertido en otra persona y tu como un caníbal solo satisfacías tu hambre, no como las mujeres que había conocido hasta entonces que necesitaban seducirme con su femineidad. Recorrías mi cuerpo con manos seguras de dominio y me entregaba a tus juegos con un placer indescriptible. Como alguien para quien no existe el dolor. Nunca bastó. Todavía necesito sentir tus uñas en mi piel, el olor a cuero de tus ropas, y tu como una diosa alzándote desde el mismo infierno. Deslumbrándote. Poderosa. Idolatro la sensación de estar en presencia de algo indomable, llena de fuerza, imposible de controlar. Satisfacías tu necesidad de devorar la voluntad de tus víctimas, quebrantándolos. Te enojabas y agitabas con facilidad. Elocuentemente , lograbas todo cuanto deseabas de mi, te gustaba humillarme haciendo el amor con otros hombres , exhibiéndolos . Como presas de caza, sabias que yo te espiaba y eso me excitaba aún más. Aceptaba con entrega todos tus castigos, todos menos uno, tu abandono. Siento tu presencia , a pesar de que la oscuridad reina al tener los ojos vendados. El golpe seco de tus tacones en el suelo de madera. Estás dando vueltas a mi alrededor, estudiándome, despreciándome. Cuando por fin te decides a hablar , lo haces para imponerme un nuevo juego, donde yo , ansioso por participar voy a ser tu puta favorita. Hoy mi ama lleva un vestido negro, el pelo recogido a la altura de la nuca. Botas de vinilo con la punta cuadrada y tacón muy alto, con las que suele patearme cuando esté de mal humor , como hoy. Dices que debo quedarme quieto y sacarme la venda de los ojos cuando salgas de la habitación , para ello debo prestar mucha atención , porque me has prohibido , una vez más , mirarte. Y si compruebas que lo hice, me castigaras severamente. Probablemente no me permitas eyacular, asi que seré paciente y esperaré a oir el ruido de la puerta. Cuando ella ya está fuera, me incorporo (estaba de rodillas), me quito la venda y descubro que en la cama ha predispuesto la ropa que yo debía ponerme para acatar sus órdenes. Junto a ella una nota en la que me comunicaba que hoy seria su puta predilecta. Empiezo por el tanguita rojo, en el que me cuesta bastante esconder mi erección. Un liguero negro cuyas presilllas terminan en una cinta de raso. Las medias también negras y las ligas de color rojo. Unos zapatos altísimos de tacón transparente que gracias a dios se anudan a mis tobillos, con lo cual puedo caminar algo sin caerme. Un kimono rosa transparente termina de arroparme. Luego me pongo una peluca y me maquillo con colores estridentes. Cuando regresa, pone una música de cabaret, enciende una luz roja, se siente con una postura masculina y me dice eres mi puta, baila para mi. Como pude empecé a bailar, teniendo en cuenta que jamás antes había usado tacones, comencé a moverme para ella, gateando por el piso a fin de excitarla, arqueo mi espalda y abro bien mis piernas para que viera la roja tira en mi trasero. Sentado en el suelo empecé a masturbarme como una mujer, fingiendo la existencia de un clítoris, me sentía muy puta. En ese momento, ella se incorporó con violencia, pensé que había hecho algo mal, pero no. Me cogió de la muñeca, me dio la vuelta y me acostó sobre una mesa de vidrio. Tuve que abrir mis piernas, mi trasero quedaba muy ofrecido con la ayuda de los tacones, y me ató una muñequera de cuero en cada mano y otra en cada tobillo. De esta manera yo tenía muy poco movimiento y no podía escapar. Tuve que contar los latigazos que me daba en mis piernas, en mi trasero y en mi pene a veces los azotes de su látigo rojo eran muy suaves, otras sin embargo me hacían llorar. Después de este castigo, me obligo
por ser una promiscua a chupar un consolador, mientras ella se terminaba
de poner uno atado a su cintura con un arnés. Luego me penetró
con este haciendo oidos sordos a mis gritos de dolor. Ella se reía
y me decía que no me quejara que me lo había ganado y que
en realidad debía agradecérselo. Me corrí manchando
el suelo, aún a sabiendas que me castigaría por ello , como
asi fue al obligarme a recoger el semen que había caído.
Tuve que lamer hasta la última gota y prometer que no lo haría
mas.
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