La putada mayor que me ha hecho hasta ahora
fue que me dejó una tarde limpiando de rodillas el parquet de toda
la casa, exigiéndome que en tres horas estuviera toda la casa lista.
Me puso unos cascos grandes para oír música y me obligó
a tenerlos puestos toda la tarde. Habría pasado como una hora cuando
noté una sombra a mi espalda y me encontré sentadas en el
sofá a mi mujer y a mi suegra, con los cascos no les había
oído llegar. Mi suegra se estaba tronchando de risa viéndome
en pelotas. Yo que soy tan tímido, me puse colorado como un tomate.
Mi mujer me dijo que me ofreciera a mi suegra para todo lo que ella necesitara,
que a partir de ese momento era también su esclavo. Mi suegra me
sobó durante un buen rato delante de mi mujer y le preguntó
si me habían desvirgado el culo, ella le contestó que no
y fue a la cocina a por un pepino y una zanahoria. Me sobó y desvirgó,
no pude más y me corrí. El castigo fue salir desnudo a la
escalera y decir en caso que me pillaran que estaba limpiando la puerta
y se había cerrado quedándome desnudo fuera. Ellas salieron
conmigo y me obligaron a bajar y subir corriendo tres plantas, me tuvieron
más de quince minutos corriendo y una de las veces cuando bajaba
oí que salía una señora de su piso y que me iba a
ver, entonces en vez de bajar subí a mi casa y como no superé
la prueba me cayó un castigo terrible. Lo decidió mi suegra
y fue pelarme el pene y el culo. Durante una hora con dos maquinillas y
dos tijeras me dejaron como a un niño recién nacido. Mi suegra
le pidió a mi mujer que yo fuese a limpiar cuatro horas a su casa
los martes y viernes. Ella accedió y mi suegra hizo el negocio de
su vida, pues yo tenía que pagar 60 euros por cada polvo que echara
a alguna de sus amigas o vecinas (y ella no le diría nada a mi mujer)
y ellas pagaban 40 euros porque yo las follase. En total mi suegra se embolsaba
3200 euros cada mes. Mi sueldo íntegro para mi suegra durante toda
mi vida. Se compró una máquina de fotos digital. ¡Ella
que no había hecho una fotografía en su vida! me sacó
en todas las posturas posibles para tenerme bien cogido. Antes de empezar
la sesión con sus vecinas y amigas, siempre me humilla metiéndome
cualquier instrumento por el culo, diciéndome que lo tengo que tener
preparado para cuando tenga que tener relaciones con hombres, cosa que
dice que va a suceder muy pronto.
Una mañana se presentó el
detective en mi oficina y me entregó el informe de sus pesquisas,
unas fotos y un vídeo. Cuando me quedé sólo viendo
las pruebas, vi que era un SUPERCORNUDO y además esclavizado. Todo
lo que voy a relatar desde este momento es sacado del informe del detective
y de la visualización de los demás documentos.
Antes de empezar, -luego sabrán
por que- les diré que en las reuniones familiares yo ya lo había
notado, que mi cuñado Pepe siempre intentaba rozarle a mi mujer
las tetas o el culo en los momentos de las fotografías y siempre
salía cogiéndole del hombro y muy cerca de ella. Yo celoso,
intentaba hacer lo mismo con mí cuñada Ana, pero ella se
hacía la estrecha y procuraba ponerse lejos de mí. El detective
había seguido a mi mujer por las tardes y había descubierto
que iba a uno de los hoteles que hay en la plaza de Neptuno en Madrid unas
dos veces por semana. Consiguió hacerse amigo y comprar a uno de
los empleados. Se enteró que mi mujer se reunía en una suite
con varios ejecutivos japoneses. Por las fichas de recepción sabía
que eran ejecutivos de empresas y bancos japoneses que venían a
sus negocios en España, cada semana los hombres eran diferentes.
Las fotos robadas en la suite con una cámara escondida en la habitación
mostraban a mi mujer enseñando el culo con un picardías como
única prenda. Por fin quedaba demostrado que era un gran cornudo.
Lo más chocante del vídeo era que aparecía también
mi cuñada "la estrecha" con otro picardías enseñando
también las nalgas. En el vídeo se veía a las dos
mujeres subidas a dos aparatos desmontables parecidos a potros de tortura
donde las mujeres quedaban de espaldas mirando hacia abajo con las piernas
separadas y los viejos japoneses podían acceder a ellas por detrás
sin dificultad. Los tres nipones con sus pollas pequeñas se iban
intercambiando para metérsela a las dos mujeres, que chillaban y
se retorcían de gusto, mientras el otro japonés iba sacando
un vídeo de lo que estaba pasando.
Las fotos del detective eran de mi mujer
follando con mi cuñado Pepe en el apartamento que éste tenía
en la sierra. Por eso siempre me decía cuando nos veíamos
y después de habernos tomado unas copas, José que buenas
están nuestras mujeres. Esta es mi historia.