LA ESCLAVA DE MI AMA GILMA
 
Mi nombre es octavio y tuve la fortuna de ser capturado hace 12 años por mi ama GILMA.

Ella utiliza conmigo todas las formas de castigo y disciplina que se han inventado., yo amo profundamente que ella se vista con su minifalda de cuero y sus botas negras de punta aguda.
Esas botas le quedan divinas y si ella quiere se le pueden adaptar espuelas.
 Todo empezó cuando la vi por primera vez y me enamore de sus lindas piernas, pero ella como buena AMA no me permitió que la sedujera sino prefirió avasallarme con su indiferencia.

Primero me ato a un potro y me azoto con una fusta de castigo para caballos, todos los días por un mes me aplicaba el mismo castigo.

Cuando yo le suplique clemencia, ella arrecio con el castigo, ya no solo era una sesión diaria de fusta, ya nuestras sesiones tenían adoración de sus botas, obligándome a besárselas, lustrarlas con mi lengua y luego lamerles las suelas.
Luego de esto, todos los días cual si fuera un culto religioso era azotado con un látigo de nueve colas y nudos en la punta.
 En las noches dormía encadenado, si me portaba bien..., si no debía pasar la noche en el potro de castigo ubicado en la mazmorra de su casa.

En esa época nuestras tardes, mejor Sus tardes eran de equitación bajo mi espada, obviamente ella se esforzaba en usar muy frecuentemente la fusta.

Un día me dijo - Puedes irte si quieres
Yo decidí (ella decidió por mí) quedarme, al otro día ella exclamó
- Veo que mis castigos no han sido suficientes lo cual confirma que no solo vas ser mi esclavo permanente sino también mi putita, para ello esta tarde tendremos una ceremonia muy especial...

Según ella me lo había ordenado yo debía estar de rodillas y con los grilletes de los pies ya puestos, la posición era con mi culo levantado en señal de ofrecimiento a mi ama.

Yo note que en la mazmorra había cosas diferentes a las usuales, como por ejemplo una yesca encendida, unas marcas de las usadas en los establos para marcar el ganado, varios tipos de fustas, látigos y azotes, espuelas y consoladores.

A las 3 de la tarde ella apareció en la recamara y estaba más bella que nunca, olía a fino perfume francés, las botas le relucían y una especie de corsé de cuero  que llevaba puesto también le lucía,  tenia calzados guantes, su mirada era amenazadora y me dio un fustazo en la cara por el solo motivo de mirarla.

Ella dijo “ Hasta hoy fuiste mi siervo, a partir de esta tarde serás mi esclava y Puta favorita y serás  tratada tal cual”
Luego exclamo “Corrige esa posición, que no es la de una puta, tu culo debe estar en alto ofrecido a tu ama”,  luego me hizo colocar las manos en el piso en la parte de adelante y activó  unos grilletes que estaban fijos en el piso y fijo dos barras de cada extremo de la pared de la mazmorra con cadenas a las esposas de los pies. De esta forma quede inmovilizado, Luego me puso una mordaza que estaba impregnada de pimienta para aumentar mi sufrimiento.

Luego me coloco un collar de sumisión, es decir con púas en los lados para humillarme más.

Hasta ese momento para mi no había nada nuevo en el castigo, pero cuando se calzo unas espuelas con estrellas en los talones y en la punta de sus botas y se dirigió al pequeño horno y puso a calentar las marcas sentí verdadero pánico.

Ella dijo “si no has deducido aun estúpida perra, hoy te voy a marcar en el culo y espalda con mis iniciales y cada vez que tu comportamiento no sea el adecuado según mi juicio me encargare de recordártelo con fuego.”

Luego te azotare hasta que se cansen mis brazos, luego lamerás mis botas y las lustraras con tu culo ardiente hasta que brillen, las espuelas serán también para recordarte que eres mía y te puedo marcar o rayar  con ellas el cuerpo.

Cuando ella uso su marca en mi culo y espalda yo me desmaye, sin embargo ella me despertó con agua fría y a punta de látigo.

Luego de adorar sus botas y espuelas y de haber recibido mas de 50 azotes en mi espalda y haberme fustigado el culo hasta perder la cuenta.

Ella dijo  “hasta el momento eres esclava pero te falta que te convierta en mi puta”, seguidamente  ella se ajustó un consolador de  color negro, con un cinturón  y acto seguido me violo, perdí la cuenta de las veces que me penetro.

Desde ese día el ritual de esclavitud y penetración se repite y yo lo extraño.

Cuando a juicio de ella no he sido una esclava sumisa  o una puta complaciente, luego de recibir una dosis extra de látigo, me confina en la noche en la mazmorra en el potro con una mordaza impregnada de pimienta.

Cada tres o cuatro meses me recuerda con su marca que ella es mi dueña.
 

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